En el marco de las fechas del 2 de abril y el 24 de marzo, diversas expresiones culturales y artísticas abordan la memoria de Malvinas y los desaparecidos, generando cruces entre historia, arte y tecnología.
Durante la transición del 1 al 2 de abril, la ciudad de Río Grande, en Tierra del Fuego, conmemora el Día del Veterano y de los Caídos en la Guerra de Malvinas con una vigilia. Este año, el canal rosarino Cabaret Voltaire, conducido por Mauricio Vera y Tomás Trapé, transmitió el evento en streaming, permitiendo a espectadores de todo el país ser parte del ritual del “sirenazo” y el silencio posterior.
En paralelo, en el ámbito cultural, el último libro de Sergio Bizzio, “Un lugar precioso”, incluye una referencia azarosa a la flota inglesa rumbo a las islas, un pasaje que el autor encuentra mientras lee. Esta mención se suma a otras obras literarias que abordan el conflicto, como “Los Pichiciegos” de Fogwill o “Las Islas” de Gamerro.
La reflexión sobre la memoria también se extiende a otras fechas significativas. El 24 de marzo, el grupo Los Barenboim lanzó en Spotify la pieza “Son 30.000”, compuesta por treinta mil beats electrónicos ininterrumpidos durante 83 minutos. La obra es una respuesta sonora al trabajo “Del 1 al 30.000” del artista Guillermo Kuitca, quien entre 1979 y 1980 escribió y pintó todos los números comprendidos entre el primero y el último de los desaparecidos.
Kuitca describió su obra como “una fosa común, algo tremendo, al mismo tiempo que es un paisaje”. Una idea similar parece resonar en la propuesta musical de Los Barenboim, que utiliza la repetición y la cifra para interpelar al oyente.
Estas expresiones artísticas, que van desde la transmisión en vivo y la literatura hasta la música y las artes visuales, muestran cómo los hechos históricos como la Guerra de Malvinas y la última dictadura militar continúan siendo procesados y representados en la cultura argentina contemporánea.
