Un estadounidense afirma haber vendido millones de hectáreas en la Luna y otros planetas, aprovechando vacíos legales en los tratados espaciales internacionales.
En 1980, Dennis Hope, un estadounidense, declaró ser el propietario de la Luna y comenzó a vender parcelas del satélite terrestre. Su iniciativa se basa en una interpretación particular del Tratado del Espacio Ultraterrestre de 1967 de Naciones Unidas, que prohíbe a los estados nacionales reclamar soberanía sobre cuerpos celestes, pero no menciona explícitamente a los individuos.
Hope envió una notificación de su reclamo a la ONU y, al no recibir objeción formal, procedió con su plan comercial. A lo largo de las décadas, ha vendido terrenos lunares, marcianos y de otros planetas, principalmente por hectáreas. Entre sus clientes, según sus declaraciones, figuran celebridades de Hollywood, expresidentes de Estados Unidos y grandes cadenas hoteleras.
El emprendedor asegura haber establecido un ‘Gobierno Galáctico’ como entidad soberana para respaldar las transacciones, aunque estas afirmaciones no han sido verificadas de forma independiente. Antes de Hope, otros individuos, como el chileno Jenaro Gajardo Vera en 1954, también habían realizado reclamos similares de propiedad lunar.
El negocio de Hope plantea interrogantes legales y éticos sobre la comercialización del espacio exterior, un ámbito que sigue siendo regulado por tratados internacionales de alcance limitado frente a iniciativas privadas.
