23 abril, 2026

Pergolini mostró a niños intentando usar aparatos de otra época

En “Otro Día Perdido” (El Trece), Mario Pergolini invitó a chicos de la Generación Alfa a experimentar con tecnología analógica, generando un momento viral que combina humor y reflexión sobre la brecha generacional.

En el programa “Otro Día Perdido” de El Trece, Mario Pergolini sorprendió a la audiencia con una propuesta nostálgica y divertida: invitar a chicos de la Generación Alfa —nativos digitales— a experimentar por primera vez con tecnología analógica.

El segmento, bautizado “Laboratorios ODP”, se volvió viral en redes sociales y concentró en pocos minutos todo el humor involuntario que puede generar la brecha generacional. Pergolini rodeó a los chicos de una colección de objetos analógicos: una televisión de tubo, un grabador de casetes, una máquina de escribir y un tocadiscos.

La pregunta inicial del conductor fue simple pero reveladora: “¿Entienden más o menos lo que están viendo?”. Benja, uno de los nenes, reconoció la tele y la máquina de escribir. Vita, en cambio, se sorprendió al identificar “casetes y un teléfono”. El primer gran obstáculo fue el casete. “¿Cómo se mete?”, se preguntó Vita, intentando descubrir el mecanismo. Pergolini tuvo que mediar con humor: “El que rompe, paga, ¿eh?”, advirtió entre risas. Tras varios intentos, los chicos lograron abrir el grabador, insertar el casete y darle play.

Con el tocadiscos, Emilia, otra participante, lo miró con desconfianza y admitió: “No son cosas que yo conozco”. Sin embargo, con ayuda de sus compañeros, logró ponerlo en funcionamiento y escuchar cómo sonaba el vinilo. La reacción de Benja al oír la música fue de genuino asombro. Pergolini aprovechó para trazar la comparación: “Antes se escuchaba así. En vez de ahora ponerle Spotify, vos antes ibas y tenías que agarrar un disco, sacarlo, ponerlo y bajar la perilla”.

El momento más caótico llegó con la máquina de escribir. Benja señaló, con toda la lógica de su generación: “Lo que me llama la atención de esta computadora es que no tiene mouse”, confundiendo el aparato con una notebook moderna. Pergolini lo guió hasta que el nene logró insertar el papel, girar el rodillo y ver aparecer la hoja. La conclusión de Benja fue precisa e involuntariamente poética: “Es como una computadora que tiene las teclas que la tenés que impulsar fuerte para abajo”.

El conductor remató con una reflexión que sintetizó la experiencia: “Vos estás acostumbrado a que haya un botón y haga… No, en esta época todo había que hacerlo uno. No había cosas automáticas”. El segmento se convirtió en una lección de historia tecnológica y en un puente entre generaciones, con adultos que reconocieron en las reacciones de los chicos el espejo invertido de su propia infancia: la misma curiosidad, pero ante un mundo completamente distinto.

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