En un partido vibrante por la tercera fecha del Grupo A, Estudiantes igualó 1 a 1 con Flamengo en La Plata. El Pincha reaccionó tras la desventaja y dejó una doble lectura: el lamento por no ganar y la satisfacción por empatarle al gigante brasileño.
Juego, tensión, emociones, protestas, empujones… Un clásico partido de Copa Libertadores entre dos equipos que tienen un rico historial en el máximo campeonato de clubes que organiza la Conmebol. Estudiantes y Flamengo protagonizaron en La Plata, por la tercera fecha del Grupo A, un encuentro con múltiples matices. El empate 1 a 1 no entregó vencedores ni vencidos, aunque los brasileños se mantienen en lo más alto de la tabla de posiciones, aventajando por dos unidades al Pincha.
La reacción tras la desventaja y el lamento por desperdiciar la última bola de la noche, la doble lectura que hace el León. Flamengo se convirtió en un rival de varios clubes argentinos en los campeonatos de la Conmebol en 2025: fue el adversario de Central Córdoba en la etapa de grupos; Estudiantes y Racing en los cuartos de final y en las semifinales, mientras que Lanús lo enfrentó en la final de la Recopa Sudamericana.
El gigante de Brasil, defensor de la corona (superó a Palmeiras en la final, marchan en los dos primeros puestos del Brasileirao) volvió a La Plata: con Estudiantes jugó 11 veces, aunque esta fue la tercera por la Copa Libertadores; el resto respondió a la Supercopa. Estudiantes es un equipo con estirpe copera y sus hinchas así lo representan. El estadio UNO ofrece un ambiente singular, porque el público es protagonista: presiona con su aliento, pretende minimizar con su ensordecedor griterío al rival y al árbitro. Los de afuera empujan y los de adentro responden y alimentan ese fuego.
El impulso era una necesidad para el Pincha, una victoria lo hacía saltar a la cima del Grupo A, donde sus dos próximos juegos serán fuera de La Plata para cerrar con DIM en casa: el desquite con Flamengo y la visita a Cusco, debutante pero que tiene como escollo la altitud (3366 metros sobre el nivel del mar) los viajes en la agenda.
Juego vertical frente a la posesión; presión alta ante el repliegue para dejar que el rival maneje la pelota con los zagueros centrales; el desequilibrio de Thiago Palacios como bandera contra el juego cerebral que impulsa el uruguayo Giorgian de Arrascaeta… algunas de las virtudes y de los modelos que intentaron imponer Estudiantes y Flamengo. Las individualidades de Fla asomaron con un pellizco mayor de jerarquía (dos piezas titulares como Léo Ortiz y el chileno Erick Pulgar no viajaron por lesión), mientras que el León con su furia impuso condiciones en el comienzo, con Mikel Amondarain, de 21 años, sorprendiendo por su posición adelantada en el mediocampo.
Desbordó Eric Meza y Facundo Farías definió mordido y sin puntería; el ex Colón e Inter Miami combinó más tarde, pero elevó el remate. La baja tempranera de De Arrascaeta (el futbolista extranjero con mayor cantidad de partidos en la historia del Mengão), con un golpe en la clavícula derecha encendió las alarmas en el banco de suplentes y en Uruguay: es titular indiscutido en la estructura de Marcelo Bielsa; el capitán fue trasladado al Instituto Médico Platense a realizarse un estudio de imágenes. Después de la medianoche se confirmó la fractura en el hombro derecho.
Por el charrúa entró el colombiano Jorge Carrascal, de una técnica formidable, aunque por pasajes desacomoda al equipo con sus firuletes. La posición del ex River no estaba en el radar de Estudiantes y el entrenador Alexander Medina se acercó a la pantalla para observar con sus colaboradores cómo encerrarlo: un ejemplo fue el aviso de Samuel Lino, tras pase del “cafetero”. Pero en el lapso en el que el Pincha buscaba recomponerse, Flamengo rompió el molde. Bruno Henrique tiene 35 años y juega con displicencia, esa que caracteriza a los jugadores brasileños. Pero detrás de esa aparente indolencia se esconde un futbolista con clase internacional: en un movimiento desacomodó a Tomás Palacios, ingresó al área, levantó la cabeza y enfocó a Luiz Araújo, que de frente al arco resolvió con sencillez.
Hasta el final del primer tiempo, el partido se jugó al ritmo que estableció Fla, que a principio de año cortó el ciclo de Filipe Luis (ganó cinco títulos en 17 meses, entre ellos el Brasileirao y la Libertadores 2025) y contrató a Leonardo Jardim, que nació en Venezuela, se crio en Portugal, hizo debutar a Kylian Mbappé en Mónaco (ahí dirigió a Guido Carrillo) y el año pasado dirigió a Cruzeiro.
Carrillo es el faro ofensivo de Estudiantes. Contagia con sus 34 años es líder en el vestuario y referencia en la cancha. No se asusta si no participa con la pelota del juego, porque es inteligente para generar espacios para sus compañeros: Farías lo usufructuó para cabecear sin oposición desde el punto penal, pero le erró al arco que defendió el argentino Agustín Rossi. En la otra área, Fernando Muslera con una doble atajada ante Bruno Henrique y Luiz Araújo dejó vivo a Estudiantes y en el ataque siguiente Carrillo enseñó que es un artillero de raza y que con Flamengo tiene una atracción particular. Con la fórmula que más resultó: el desborde de Meza, el remate de cabeza de Farías y Carrillo que corrigió la trayectoria de la pelota; el balón cruzó la línea para el 1 a 1 final.
