5 mayo, 2026

Waly Grinóvero: “Tomás Etcheverry estuvo en un estado casi depresivo”

El entrenador del nuevo número 1 argentino del ranking ATP, Tomás Etcheverry, reveló cómo fue el regreso del tenista tras un período de confusión y tristeza, y su recuperación hasta ganar su primer título en Río de Janeiro.

“Hola. Acá estamos, en Roma, bien, bien… adaptándonos al nivel del mar. Hay bastante diferencia con el torneo anterior, en Madrid, donde hay altitud y la pelota viaja más. Pero salir adelantados te da margen para trabajar mejor”. Quien habla del otro lado del océano es Walter Grinóvero, Waly para todos en el mundo del tenis, el entrenador del nuevo número 1 argentino del ranking ATP, Tomás Etcheverry (26°; un lugar por encima de Francisco Cerúndolo).

El presente del jugador platense era impensado hace un año, cuando perdió la alegría y la pimienta dentro del court, salió del top 60 y lo invadió la confusión. Después de sus mejores temporadas en 2023 (cuartofinalista en Roland Garros) y 2024 (fue 27°), Etcheverry y su grupo de trabajo decidieron un cambio de rumbo: Grinóvero no continuó como coach y asumió Horacio De la Peña. Sin embargo, la sociedad con el Pulga no funcionó y, tras ocho meses de retrocesos, el vínculo se terminó. Luego de algunas semanas de evaluaciones, Etcheverry decidió buscar las “viejas buenas sensaciones” y, desde fines de agosto pasado, se alineó otra vez con Grinóvero. Desde entonces, recobró las certezas y la soltura, y en febrero pasado, después de perder tres finales ATP, se quitó una espina al ganar su primer título (en Río de Janeiro).

“Como se lo dije al propio Tommy no bien lo vi: un jugador muy triste, enojado con él mismo y con la situación, enojado con su tenis y, sinceramente, como que… se veía jugando Challengers todo este año porque sentía que ya le habían perdido respeto en el circuito y que nunca iba a volver a ser ese jugador que había demostrado”, sentencia Grinóvero, de 53 años, desde el Foro Itálico, donde Etcheverry es el 24° cabeza de serie. Este martes, el bonaerense se entrenó con Novak Djokovic.

“Haber perdido todo eso que habíamos logrado en conjunto lo puso en un estado negativo y casi depresivo, diría. Entonces, intenté ayudarlo a que se perdonara. La vida es así, no se llega al lugar que se quiere solamente porque las cosas se hacen perfectas: en el camino hay aprendizaje. Todo forma parte del proceso de crecimiento. Le dije que volvía para hacerlo mejor, que no volvía para ver qué podíamos hacer. Siempre estuve convencido del potencial, incluso más que él. Lo mío son hechos. Siempre intenté y pude sacarle lo mejor a cada jugador y, con Tomás, es lo mismo. Y esto es una parte. No es un objetivo ser el número uno de Argentina, sino que los grandes sueños todavía están en camino. Hay pequeñas victorias que te llevan a un lugar, pero después la gran victoria será como un volcán que explotará y eso es lo que buscamos. En algún momento Tomás va a explotar como un volcán y va a tener ese resultado que va a definir su carrera”, narra con entusiasmo Grinóvero.

—¿El primer diagnóstico fue peor del que veías de afuera del equipo?
—No veía nada desde afuera. ¿Por qué? Al terminar las relaciones con los jugadores las sostengo en forma personal, pero no profesionalmente. No vi ni siquiera un partido de Tommy cuando dejé de entrenarlo. Veía algunas cosas que aparecían en Instagram, jugadas aisladas, pero no partidos. No sabía con qué jugador me iba a encontrar.

—¿Te podía afectar verlo jugar después de que se interrumpiera el vínculo que los unía?
—No, no; es lo que yo hago. Mientras yo estoy, es a pleno y me enfoco; por eso estoy con un solo jugador. Lo ayudo a cumplir sus sueños y tengo que estar enfocado en él. No estoy mirando a los otros; no me interesa. Una vez que no lo tengo, ya no me interesa más, porque no puedo hacer nada. El tenis me enseñó a vivir de esa manera. Es como que quiera volver atrás un punto que ya está jugado: no se puede, el punto ya se jugó, ya perdió vida, se terminó, no puedo cambiar nada. Lo único que me queda es el punto que viene y tratar de hacerlo lo mejor posible desde ahora.

—Pero durante ese período te llegarían mensajes de todo tipo.
—Sí, me llegaban, pero no podía hacer nada, porque había sido una decisión tomada por él y por la gente que lo rodeaba. Yo ya había demostrado el trabajo que había hecho. Parecía que ser 27 del mundo era poco y muchos se creían que era fácil poner a un jugador en ese ranking, je. Todos los que le prometieron cosas no le han cumplido y entre todos son responsables de ese mal momento que tuvo Tommy, obviamente, con el propio Tommy a la cabeza. Una vez que volví, hablé con él y me puse manos a la obra. Lo mío no son palabras, son hechos. En la primera etapa le dije que lo iba a llevar a la elite de tenis mundial y lo llevé a tres finales, a un cuarto de final de Roland Garros; me parece que eso es cumplir. Y ahora volví y le dije que lo llevaría aún más lejos.

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