El concurso de acreedores de Vicentin, la mayor deuda corporativa de la historia argentina, suma un nuevo capítulo judicial. El juez Fabián Lorenzini dispuso el traspaso de acciones a la firma Grassi, pero los grupos Molinos Agro y Louis Dreyfus ya apelaron la decisión.
El concurso de acreedores de Vicentin, que con una deuda de US$ 1.500 millones es el mayor que se recuerde en Argentina, vuelve a exponer una historia que está lejos de resolverse. La líder agroindustrial entró en default en febrero de 2020, y desde entonces se sucedieron intentos de expropiación, protestas y un largo periplo judicial.
En diciembre pasado, el juez Fabián Lorenzini, de Reconquista, Santa Fe, dispuso el traspaso de acciones de Vicentin a la firma Grassi, con 132 años en el corretaje de granos. La decisión dejó fuera a los poderosos grupos Molinos Agro y Louis Dreyfus, que ahora recurrieron a una segunda instancia judicial para invalidar el procedimiento.
Expertos señalan que en este traspaso hubo hechos llamativos: Grassi ofreció menos dinero para cancelar las deudas, pero llegó antes que sus competidores al juzgado con las conformidades de los acreedores. Además, las conformidades presentadas por ambas partes se repetían en varios casos.
La compañía opera actualmente bajo la conducción de Grassi, pero son pocos los que creen que el capítulo esté cerrado. El proceso concursal tuvo un trámite tumultuoso: el juez rechazó la homologación, la Cámara la revocó, el Superior Tribunal de Santa Fe volvió a rechazarla y hubo un recurso ante la Corte que fue desistido.
Durante el concurso, la empresa propuso pagar solo el 18% a sus acreedores, aunque distribuyó un monto fijo de US$ 30.000 que en algunos casos canceló el 100% de los créditos y en otros no significó nada. Según el abogado Francisco Roggero, managing partner de ZBV Abogados, “lo que vemos es un proceso que debería haber demorado un año y medio y tomó cinco, abriendo un proceso de cram down”.
Roggero criticó el sistema concursal argentino: “La ley no prevé límite para la quita de deuda, y vimos terribles abusos. Además, no hay sanción para los accionistas: empresas fundidas por dueños ricos que no sufren consecuencias”.
La Cámara santafesina tiene ahora la palabra. Mientras tanto, Vicentin opera sus dos plantas industriales en Santa Fe (Avellaneda y Ricardone) dedicadas a molienda de soja, y mantiene activas desmotadoras de algodón y terminales portuarias sobre el Paraná.
