La jefa de Gobierno de la Ciudad de México justificó la incorporación del ajolote y el color morado en la identidad visual capitalina, al tiempo que confirmó la creación de un santuario para preservar esta especie endémica en Xochimilco.
La jefa de Gobierno de la Ciudad de México, Clara Brugada, defendió el uso del ajolote y el color morado como símbolos centrales de la nueva identidad visual de la capital, al asegurar que estos elementos reflejan los valores históricos y sociales de la ciudad.
Este 12 de mayo, Brugada anunció la próxima inauguración del Santuario de los Ajolotes en el Parque Ecológico de Xochimilco, que funcionará como espacio para la preservación de esta especie endémica y parte del patrimonio local, según el comunicado oficial.
Brugada subrayó que el morado simboliza una “reivindicación política y social” vinculada a la lucha feminista y a la construcción de una ciudad con nueva identidad. La mandataria sostuvo que su administración está abierta a las críticas, pero señaló que los cuestionamientos por el uso de símbolos ignoran los procesos de transformación en curso.
“Si no pintáramos y la ciudad siguiera gris, entonces dirían que no hay intervención; pero si retomamos el morado, preguntan por qué el morado. Yo pregunto: ¿por qué les molesta?”, enfatizó.
De acuerdo con Clara Brugada, la ciudad vive uno de los procesos más amplios de intervención urbana y recuperación de espacios públicos, con más de 2 mil obras en ejecución. Entre estas acciones destacó la renovación de 500 escuelas, la rehabilitación de 3.5 millones de metros cuadrados de pavimento, la construcción de 334 kilómetros de caminos seguros y la transformación de 600 mil metros cuadrados de espacio público a través del programa Utopías.
Además, la capital ha renovado 316 canchas de fútbol, realizado más de 300 obras de agua y drenaje, iniciado nuevas líneas de Cablebús y sumado módulos de seguridad y proyectos comunitarios en varias alcaldías.
La “ajolotización” de la Ciudad de México se convirtió en tema central del debate público a menos de un mes de la inauguración del Mundial 2026, impulsando una transformación urbana donde el color morado y los ajolotes dominan calles, transporte y espacios públicos. El fenómeno incorpora esculturas monumentales, bancas urbanas moradas y murales con ajolotes sonrientes, especialmente en vías principales y estaciones de transporte público. La figura del ajolote se integra como mascota oficial de la sede mundialista bajo el nombre de “Ajologol”, extendiendo su presencia a placas conmemorativas, tarjetas de metro y mercancía temática.
Clara Brugada ha defendido públicamente el sentido del proyecto: “Si ajolotizar significa llenar de color lo que antes era gris, construir utopías, dibujar murales, transformar el espacio público, pintar de morado feminista, crear el Sistema Público de Cuidados, invertir en movilidad y electromovilidad, modernizar el Tren Ligero, construir cablebuses, entonces claro que estamos ajolotizando”.
