Especialistas explican las diferencias entre el desarrollo de capacidades físicas y la apariencia muscular, y aclaran que no siempre coinciden.
El trabajo de fuerza es una de las recomendaciones de estilo de vida que ha cobrado mayor énfasis en los últimos años. Si bien la divulgación al respecto ha instalado la idea de que es beneficioso, también es necesario desarmar ciertos imaginarios vinculados a ella.
La expectativa que opera en muchas personas al pensar en trabajar la fuerza es la de obtener un “cuerpo marcado”. De ahí surge la convicción de que al realizar este tipo de ejercicio se lucirá entrenado, y la desilusión al comprobar que muchas veces eso no ocurre.
¿Es correcta esta asociación? ¿Es cierto que si se entrena la fuerza, luego de un tiempo, se lucirá entrenado, con los músculos marcados? ¿O puede ocurrir que el ejercicio esté teniendo un impacto positivo pero no sea visible?
“Dos cosas diferentes”
El entrenador Sergio Verón, especialista en obesidad y jefe del Departamento de Educación Física de Clínica Cormillot, afirmó: “Son dos puntos diferentes, pero que pueden coincidir entre sí”.
Para diferenciar ambas dimensiones, definió cada una, empezando por “estar entrenado”, lo cual vinculó a un desarrollo de capacidades. “En ese caso la idea es cumplir un objetivo que apunta a algún tipo de rendimiento, que puede ser tanto mejorar la condición cardiovascular o cardiorrespiratoria, como tener más fuerza, agilidad, velocidad, coordinación”, enumeró.
Verón aclaró que los objetivos son personales. “Hay quienes quieren mejorar su condición cardiovascular y no necesariamente les interesa trabajar la fuerza. En muchos casos tiene que ver con la salud y se entrena para estar saludable, pero también por ejemplo los jóvenes por lo general entrenan por el placer de sentirse más fuertes o más veloces, como quienes hacen running, crossfit, o quien practica cualquier deporte”, ejemplificó.
¿Cómo saber que una persona está efectivamente entrenada? “Se evalúa su funcionalidad, o se hace una prueba de esfuerzo. De acuerdo a los tests que tienen diferente valoración se puede determinar si la persona está entrenada o no. Esto puede estar ligado a lo estético también, pero son cosas distintas”, diferenció.
Verse entrenado
Respecto a la apariencia física, Verón explicó que la genética juega un rol central. No solamente porque pueda ocurrir que una persona entrene y eso no se vea reflejado en su apariencia, sino también el caso contrario: quienes no necesitan estar realmente entrenados para lucir como si lo estuviesen.
“Hay personas que lucen entrenadas y cuando vos les preguntás, no tienen una rutina semanal en un gimnasio ni en un grupo de entrenamiento habitual, sino que la genética las favoreció con una definición muscular, con una altura determinada, con una forma de cuerpo… En definitiva lucen bien físicamente, lucen como si entrenaran, pero no entrenan absolutamente nada”, sostuvo.
La apariencia también se verá influida por la relación entre el porcentaje de masa muscular y el porcentaje de tejido graso, que en la mayoría de los casos es subcutánea, es decir, debajo de la piel por encima del músculo. El músculo puede crecer, pero para que se note, tiene que estar acompañado por una disminución de la masa grasa, que se logra no solamente con trabajo de fuerza y aeróbico, sino también con una ingesta acorde a este objetivo.
Fuerza y volumen
Jorge Franchella, médico deportólogo y cardiólogo, explicó que el músculo tiene tanto un componente contráctil como uno vinculado a la energía. En el primer caso, se trata de fibras que se acortan y se alargan para permitir el movimiento. Para que este movimiento se produzca, se necesita de este segundo componente energético. El entrenamiento se orienta habitualmente a reforzar el componente contráctil y a desarrollar lo mejor posible el energético.
Franchella diferenció lo que es el volumen de lo que es la fuerza: “Se puede tener el mayor volumen posible de las fibras musculares contráctiles, lo cual da un marcado muscular, como se busca en determinadas especialidades, es el ejemplo de quienes hacen competencias de bodybuilding”.
“Pero esto no necesariamente coincide con la potencia de la fuerza: no es el volumen el que determina la cantidad de fuerza que podemos ejercer”, clarificó el médico, que además se desempeña como director del curso de Especialista en Medicina del deporte Facultad de Medicina en la UBA, y como director del programa actividad física y salud del Hospital de Clínicas.
“La cantidad de fuerza que podemos ejercer depende del componente que estamos utilizando, de la energía que estamos utilizando, y hay personas con una genética con más tendencia al desarrollo del volumen muscular y otras no tanto; a más fuerza muscular, y otras no tanto. Por lo tanto no debemos confundir el volumen que se alcanza con la fuerza que el músculo es capaz de desarrollar”, explicó.
Fuerza resistencia y liberación de mioquinas
Franchella señaló que no necesariamente el trabajo de fuerza que hace lucir más entrenado es el más saludable. De hecho, realizar un trabajo de fuerza que no haga crecer el músculo pero que lo trabaje tiene un impacto positivo en la salud.
Para explicar este punto, diferenció el trabajo de fuerza máxima del trabajo de resistencia. “Llamamos fuerza máxima a la que llegamos como límite cuando levantamos un objeto, fuerza potencia cuando lo hacemos muy rápido, y fuerza resistencia cuando trabajando con un porcentaje menor podemos repetir ese movimiento una mayor cantidad de veces”, detalló.
Es entrenando la fuerza de resistencia que se ha descubierto que se liberan sustancias denominadas mioquinas. “Cuando el músculo se contrae, genera la liberación de sustancias que llamamos mioquinas o exerquinas, que son pequeñas proteínas, en un número muy grande (se han descubierto más de 400) y actúan en diferentes lugares del organismo”, sostuvo.
Este tipo de partículas ayudan a regular sustancias que permiten disminuir el apetito, trabajar sobre la diabetes o incluso sobre la bomba cardíaca y mejorarla en ciertos aspectos.
“El músculo tiene un componente contráctil y energético, puede tener un mayor o menor volumen, y eso no condice con más o menos fuerza. Y, de hecho, no necesariamente teniendo el máximo de volumen o el máximo de fuerza, sino con la resistencia, es cuando se liberan estas pequeñas partículas que trabajan en otros lugares del organismo con una utilidad muy importante, especialmente en el área de la salud”, concluyó Franchella.
