2 junio, 2026

Cada vez más jóvenes recurren a la IA como consejero emocional

Un número creciente de jóvenes utiliza herramientas de inteligencia artificial para hablar sobre ansiedad, angustia y problemas personales. Especialistas advierten sobre los riesgos de depositar la intimidad en algoritmos diseñados para conversar.

Según datos recientes, cerca del 50% de los jóvenes busca primero ayuda emocional en internet antes que acudir a un profesional de salud mental, y más de un cuarto de los usuarios de la Generación Z reconoce utilizar herramientas de inteligencia artificial como confidente personal. La disponibilidad permanente, las respuestas inmediatas y la sensación de no ser juzgados llevaron a muchos jóvenes a recurrir a chatbots para desahogarse o pedir consejos personales.

Lautaro Romero, de 19 años, afirmó: “Uso Meta cuando me siento muy intenso y siento que mis amigos no me pueden escuchar. Me sirve para desahogarme porque sé que me va a responder y tratar de ayudarme”.

Amancay Cattoni declaró que utiliza ChatGPT como una especie de psicólogo virtual. “Tengo una sección que se llama ‘psicovirtual’. La uso mucho por la ansiedad y me ayuda a tranquilizarme cuando me desbordo. También me ayudó a identificar patrones que me hacían sentir mal y ahora los tengo más presentes en distintos aspectos de mi vida”, explicó.

Ludmila Riestra sostuvo que intentó utilizar ChatGPT para hablar sobre sus emociones, pero abandonó la idea. “Me decía todo lo que quería escuchar y me enojé. Después caí en que es una IA y arranqué terapia con una psicóloga de verdad”, indicó.

Rocío Molina relató que el chatbot funciona como una primera herramienta de descarga emocional. “Cuando tengo muchos pensamientos negativos le pregunto qué puede significar lo que me está pasando o si hay algo que no me estoy dando cuenta que me está afectando”, dijo.

La ingeniera en sistemas Carolina Cardoso explicó que las respuestas de la IA no surgen de una comprensión emocional real, sino de un entrenamiento estadístico. “Las inteligencias artificiales están entrenadas con redes neuronales y enormes cantidades de libros, datos y patrones de lenguaje para aprender cómo responder, explicar cosas y contener usuarios. Responden según el contexto de la conversación y el tono de quien escribe”, señaló.

Cardoso agregó que los chatbots no poseen conciencia ni razonamiento emocional propio. “La mayoría tiende a validar emociones, ordenar pensamientos y evitar juzgar porque están programados para no causar daño y consentir al usuario. Responden en base a estadísticas y a patrones que indican cuál es la respuesta más adecuada para esa situación”, afirmó.

La especialista advirtió que la IA solo trabaja con la información que el usuario le proporciona. “A diferencia de un psicólogo, la IA no razona con la visión integral del paciente. No interpreta silencios, gestos, contradicciones ni contextos emocionales complejos”, sostuvo.

La psicóloga Romina Biasin coincidió en que la inteligencia artificial no puede reemplazar un tratamiento terapéutico real. “La terapia está basada en la comunicación humana: hay un emisor, un receptor, un contexto, una historia de vida y una forma particular de reaccionar que una computadora no puede reconocer. En el diván hay contacto humano genuino”, explicó.

Expertos de Harvard señalaron recientemente que el problema aparece cuando el uso de IA impide buscar ayuda profesional o reemplaza vínculos humanos reales. Además, distintos estudios alertan sobre el llamado sesgo de complacencia: los chatbots suelen validar lo que el usuario siente para sostener la conversación, incluso en situaciones emocionales delicadas.

El crecimiento del fenómeno refleja cambios en las formas de comunicación y en los modos en que los jóvenes buscan contención emocional. La combinación entre acceso inmediato, disponibilidad permanente y dificultades para acceder a espacios terapéuticos tradicionales convirtió a la inteligencia artificial en una herramienta cada vez más utilizada para hablar sobre salud mental.

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