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22 febrero, 2024

El FMI elogia las políticas macroeconómicas de América latina, pero deja fuera a la Argentina

El Fondo Monetario Internacional elogió este miércoles la “respuesta adecuada” de la mayoría de los países de América Latina frente a los grandes shocks de los últimos años como la pandemia, la inflación mundial y las tensiones comerciales globales, y dejó fuera de los cumplidos a la Argentina, que no ha logrado cumplir con las metas fiscales y monetarias y no puede frenar la inflación. Sin embargo, hace una velada advertencia sobre países con “políticas macroeconómicas insostenibles” y una mirada de “cortoplacismo”.

Rodrigo Valdés, director del Departamento del Hemisferio Occidental del organismo y el funcionario que supervisó las últimas revisiones del programa con Argentina, escribió un artículo en el que afirma que “la mayoría de los países de la región no solo mostraron resiliencia frente a los grandes shocks de los últimos tres años—la pandemia, el aumento de inflación mundial, las tensiones comerciales entre las principales economías y las condiciones financieras mundiales más restrictivas—sino que, además, supieron dar una respuesta adecuada desde el punto de vista de las políticas macroeconómicas”.

El funcionario dijo que los países latinoamericanos tuvieron fuertes déficits públicos en 2020 por la pandemia, pero “a diferencia de muchos otros países en todo el mundo, la mayoría de los países de la región retiraron oportunamente la importante expansión fiscal desplegada” ante el avance del Covid 19.

Explica que el déficit fiscal primario de las cinco economías más grandes –Brasil, Chile, Colombia, México y Perú- y con un marco de tipo de cambio flexible y metas de inflación creció naturalmente durante la pandemia: “Aumentó 6 puntos porcentuales del PIB en 2020, mientras que en la región en su conjunto el aumento fue de 4 puntos porcentuales”, en contraste con un aumento de 7 puntos porcentuales en las economías avanzadas y con poco más de 5 puntos porcentuales en las economías de mercados emergentes de otras latitudes.

Pero señala que la divergencia más marcada se observó en 2021 y 2022, cuando las economías de casi toda la región “retiraron por completo este estímulo fiscal, incluso alcanzando resultados primarios por encima de los niveles observados antes de la pandemia”, algo que no hicieron las economías avanzadas.

Valdés afirma que “este repliegue anticipado contribuyó a reducir las relaciones deuda pública/PIB, pero también ayudó a contener la inflación. De hecho, frente a la mayor escalada inflacionaria desde la adopción de los sistemas de metas de inflación, los países actuaron con excepcional rapidez, y subieron las tasas de interés más temprano y hasta niveles más altos que otros países. Ahora la inflación está disminuyendo, las monedas se han apreciado en los últimos meses y el debate en la actualidad gira en torno al ritmo de futuros recortes de las tasas de interés, que algunos países ya han puesto en marcha, a diferencia de lo que sucede en otras regiones, donde aún se está deliberando sobre nuevas alzas”.

En el reporte, Valdés extiende los elogios: dice que este marco general de políticas macroeconómicas —que incluye metas de inflación, autonomía de parte de los bancos centrales, flexibilidad cambiaria, reglas fiscales que buscan garantizar la sostenibilidad fiscal pero con márgenes para desvíos en casos excepcionales, e integración financiera internacional— se ha expandido más allá de las principales economías de la región.

“Países como Uruguay, la República Dominicana, Paraguay y Costa Rica han adoptado este marco y logrado muy buenos resultados. Eso no debería sorprendernos; así es como se conduce la macroeconomía en países pequeños, abiertos, avanzados y prósperos, como Nueva Zelanda, Australia, Suecia o Canadá”, señala.

Argentina, la gran ausente

Este panorama es muy diferente al que el funcionario planteó sobre Argentina, un país que no fue mencionado específicamente en este reporte. Las observaciones de Valdés sobre el país quedaron plasmadas en las últimas revisiones (quinta y sexta) del programa, a fines de agosto, donde se consignó que las metas de déficit fiscal, de emisión monetaria y de reservas no se habían cumplido. El programa se había “descarrilado”, afirmaron. Y la inflación podría alcanzar el 130% a fin de año.

El Gobierno culpa de todos los problemas a la sequía que azotó al país –y que calcula que le hizo perder US$ 20.000 millones–, pero el FMI afirma que “el descarrilamiento” fue por tres motivos: “la histórica sequía, desvíos y demoras” de políticas, en referencia a la falta de aplicación por parte del Gobierno de correcciones que habían sido pactadas en los últimos tiempos.

Aunque no menciona un país en particular, Valdés afirma que, a pesar de los avances, aún existen “grandes desafíos y dificultades” en la región. “Varias economías se enfrentan a niveles excesivos de deuda pública. Un problema que afecta incluso a economías robustas y que de hecho ya existía antes de la pandemia, cuando había una preocupante trayectoria ascendente que ponía de manifiesto la necesidad de seguir trabajando para garantizar la sostenibilidad. Esta labor se torna incluso más difícil en medio de condiciones externas menos favorables”, advirtió.

“Algo aún más inquietante es que otros países están enfrentando riesgos significativos derivados de políticas macroeconómicas insostenibles. Abordar esos riesgos no es nada sencillo, sobre todo si predomina el cortoplacismo”, apuntó.

NE

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