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6 febrero, 2023

El ‘Gaucho’, la moneda que Raúl Alfonsín y los brasileños soñaron en los 80

Cómo Alfonsín y Sarney, en 1987, llegaron a anunciar en Viedma una moneda común. El rol de Roberto Lavagna.

Levanten esos platos —alzó una voz militar.

​—¿O que está acontecendo, Don Raúl? —le dijo José Sarney a Raúl Alfonsín. Era 18 de julio de 1987.

Los dos presidentes y sus acompañantes alcanzaron a ver que varias manos quitaban el salmón, vieiras y corvinas servidas en las mesas del comedor del hotel Austral de Viedma. Todo ocurría delante de sus ojos. El murmullo de fondo era de 170 comensales y les impedía entender bien la situación: 15 personas a un costado del salón sufrían signos de intoxicación revolcándose en el piso y retorciéndose la panza.

Hasta ese sitio habían ido Alfonsín y Sarney para firmar una decena de protocolos de comercio, agilizar importaciones y, la frutilla del postre —además de la cassata que les serviría más tarde y no estaba en mal estado—, la creación de una moneda común: “el gaucho”.

El fracaso del Plan Cruzado no afectará el proceso integrador, que éste nunca estuvo ligado al plan sino a la historia de los dos pueblos— le había dicho minutos antes Sarney a Alfonsín en plena conferencia de prensa.

El brasileño no solo admitía que el plan de estabilización que había arrancado en Brasil meses atrás no solo no funcionaba, sino que ahora soñaba con una moneda común con una Argentina que en ese momento tenía el Austral y todavía daba pelea por estabilizar luego de ir de mayor a menor en materia inflacionaria desde 1985.

Un equipo de técnicos había trabajado en el anuncio de “el gaucho”. Tres rondas de negociaciones semestrales para llegar a un acuerdo monetario. La creación de un Instituto de Estudios Económicos para ambos países con el objetivo de conciliar las estadísticas. Las estructuras económicas de ambas economías eran complementarias pero pesaban diferencias de escala y bajo nivel de integración entre ambas (aún hoy sigue igual) que había que remediar.

El equipo que trabajó la moneda “el gaucho” (en verdad el Programa de Integración con Brasil) estuvo integrado por representantes de Cancillería, Industria y Economía. Jorge Romero, quien había vivido en Brasil durante el gobierno militar y era amigo de Dilson Funaro, el ministro de Economía de Sarney, era el secretario de Relaciones Económicas Internacionales de Cancillería. Roberto Lavagna era secretario de Comercio e Industria. Estaban allí también Beatriz Nofal, Lisandro Bril, Carlos García y Jorge Campbell. En la Cancillería, además de Romero, estaba Juan Schiaretti. Y el primer director de aquel programa fue Jorge Faurie. El representante por Economía era Ramón Da Bouza, un ex Techint que había sido reclutado por Juan V. Sourrouille.

Del lado brasileño, además de Funaro (amigo de Romero y trato cordial con Mario Brodersohn, secretario de Hacienda de Economía, y con quien pensaron en crear un Club de Acreedores para negociar la deuda con Estados Unidos) estaba Frank Thompson Flores en Itaramaty.

Sarney fue un presidente de Brasil para quien la integración con la Argentina era de vital importancia. Quizá más que para Alfonsín. Brasil buscaba darle forma a su expansión regional.

El protocolo número 20 titulado Moneda, que Alfonsín y Sarney firmaron aquel 17 de julio de 1987 en Viedma, dice que los gobiernos de la Argentina y Brasil “deciden crear una unidad monetaria común, denominada ‘GAUCHO’, expresado su valor en los términos que de común acuerdo determinen los Bancos Centrales de los dos países a ser emitida y respaldada por reservas”.

Además, los técnicos habían decidido “crear con tal fin un fondo de reservas Argentina-Brasil, administrado por sus Bancos Centrales”.

“Crearon el gaucho, la unidad monetaria bilateral”, tituló Clarín el 18 de julio.

Entre los considerandos del protocolo para crear la nueva moneda se consideró “la importancia de asegurar la relación financiera entre ambos países, asegurando la estabilidad de los vínculos comerciales” y el objetivo latinoamericano de “crear una unidad para para efectuar los pagos intrarregionales”.

La historia de “el gaucho”, se sabe, no prosperó.

No solo había fracasado el Plan Cruzado, sino que la salida de Lavagna y de ese equipo de Industria desactivó uno de los principales propulsores de la idea. Lavagna salió del gobierno de Alfonsín justo una semana antes de la presentación en público de “el gaucho” allí en Viedma.

Por último, a la desdicha del Cruzado se le sumaría, algo más tarde, la del propio Austral.

La idea de una moneda común desapareció en los 90 hasta que se retomó una década más tarde con Lula. Lavagna era ministro de Economía con Néstor Kirchner. Pero luego el presidente de Brasil decidió pagarle al FMI y otra vez el sueño quedó trunco. Más acá en el tiempo, en 2018, Mauricio Macri y Jair Bolsonaro ensayaron la idea del peso real. Y ahora el diputado de UCR Evolución, Martín Tetaz, retoma la idea justo cuando otra vez Lula, en campaña, fogonea el mismo sueño.

La Presidencia informó oficialmente que “el salmón que debían consumir los mandatarios Alfonsín y Sarney se hallaba descompuesto por la presencia de bacterias”. Marcharon un bife con papas fritas y huevos fritos.

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