Un análisis compara el precio de un modelo popular con el salario promedio, mostrando una mejora reciente tras un pico de dificultad en 2024. El crédito fue un factor clave para el crecimiento de las ventas del sector.
El año pasado, la industria automotriz argentina registró un desempeño sólido en ventas de 0 km, con un total de 612.178 vehículos patentados, lo que representa un crecimiento del 47,8% interanual, según datos de la Asociación de Concesionarios de Automotores de la República Argentina (Acara). En este contexto, el crédito con tasas competitivas en ciertos períodos fue un motor clave para dinamizar la demanda.
Sin embargo, al evaluar la accesibilidad en términos de ingresos, la dinámica presenta matices. Un estudio realizado por Sebastián Domínguez, CEO de SDC Asesores Tributarios, en conjunto con LA NACION, analizó cuántos salarios promedio se necesitan para adquirir un auto 0 km y cómo evolucionó esta relación en los últimos años.
El análisis tomó como referencia el precio de lista del Fiat Cronos Like 1.3 GSE (uno de los modelos más vendidos) y lo comparó con la Remuneración Imponible Promedio de los Trabajadores Estables (RIPTE). Los resultados muestran que en 2021 se requerían 20 salarios promedio para comprar el modelo base. En 2022, la relación mejoró a 12 sueldos, pero en 2023 volvió a subir a 19.
El punto más crítico se registró en 2024, cuando se necesitaron 32 salarios, vinculado a un incremento de precios muy superior a la inflación y a la evolución de los ingresos. A partir de 2025, la situación mostró una mejora, requiriéndose 18 salarios, nivel que se mantuvo relativamente estable en 2026.
Al contrastar la cantidad de salarios necesarios con el volumen de patentamientos, no se observa una correlación directa en todos los períodos. Factores como el acceso al financiamiento, las expectativas económicas y la apertura del mercado influyeron en los resultados. Por ejemplo, en 2025, con una relación de 18 salarios, las ventas alcanzaron su máximo en la serie analizada (612.178 unidades), destacando el rol clave del crédito para sostener la demanda incluso con precios todavía elevados en relación a los ingresos.
