A un mes del inicio de las hostilidades, los aumentos en gasolina y diésel en países del Golfo reflejan la transferencia de la tensión geopolítica a la economía cotidiana, con posibles repercusiones globales.
A un mes del inicio del conflicto en Medio Oriente, el impacto dejó de limitarse al precio internacional del petróleo y comenzó a trasladarse con fuerza a los surtidores. Emiratos Árabes Unidos aumentó en abril entre un 31% y un 33% el precio de la gasolina, mientras que el diésel registró un incremento del 72%. Esta decisión se produce en un contexto de tensión en el Estrecho de Ormuz, una vía marítima clave para el comercio global de crudo.
Hasta ahora, la atención se había centrado en la volatilidad del barril y los mercados financieros. Sin embargo, la actualización de precios en Emiratos marca un punto de inflexión, mostrando que la crisis geopolítica está filtrándose hacia los costos internos, afectando a consumidores, transportistas y empresas, incluso dentro de economías petroleras.
Según informó la agencia AFP, la tarifa más alta de la gasolina quedó en 3,39 dirhams por litro (aproximadamente 0,92 dólares). En el caso del diésel, ampliamente utilizado por camiones y autobuses, el valor trepó a 4,69 dirhams por litro (unos 1,28 dólares).
El factor detrás de este ajuste es la situación en el Estrecho de Ormuz. Este corredor marítimo, por donde normalmente transita cerca del 20% de la producción petrolera mundial del Golfo, se ha convertido en un punto de alta sensibilidad. AFP indicó que Irán, vecino de Emiratos, viene realizando ataques con drones y misiles contra el principal productor petrolero de la zona desde el 28 de febrero, lo que ha alterado los flujos logísticos y aumentado la presión sobre el suministro.
La presión sobre los combustibles no se limita a Emiratos. Según AFP, otros países del Golfo también ajustaron al alza sus tarifas en abril. En Kuwait, otro productor de la OPEP, la gasolina de alta calidad aumentó un 12,5%. En Qatar, la gasolina estándar subió un 7,9%. Aunque los porcentajes son menores, la tendencia confirma que el conflicto empuja los costos energéticos incluso en economías exportadoras acostumbradas a precios relativamente más estables.
Para el resto del mundo, esta dinámica funciona como una advertencia. Si el conflicto se prolonga y el Estrecho de Ormuz sigue operando bajo amenaza, la presión sobre el petróleo podría escalar, abriendo una nueva ola de aumentos en combustibles, transporte y logística a nivel global. Este traslado de costos podría complicar el control de la inflación en muchas economías.
