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15 abril, 2024

La trampa de Massa: cada paso para evitar una devaluación genera más inflación e incertidumbre


En otro parche para sortear una devaluación en el tipo de cambio oficial, Massa recurrió al dólar maíz, además de pisar importaciones al subir 7,5% el impuesto País. Pero no puede evitar que vuelvan a dispararse los pronósticos de inflación.

Si algo quedó en claro en la última semana es la intención del Fondo Monetario Internacional (FMI) de que la Argentina no vuelva a caer en default.

El organismo generó el paraguas para que el ministro-candidato Sergio Massa pague el lunes US$ 2.700 millones con financiamiento de China y del Banco de Desarrollo de América Latina (CAF), y otros US$ 700 millones con un crédito de Qatar por 580 millones de Derechos Especiales de Giro (DEG), la moneda del FMI.

Massa se endeuda hasta que pasen las elecciones internas, PASO, del 13 de agosto y hasta que, supuestamente, el directorio del Fondo apruebe el paquete de medidas que aplicó el Gobierno y el desembolso del equivalente a US$ 7.500 millones que se destinará a pagar vencimientos con el organismo hasta fin de año.

El ministro-candidato resalta que tomó deuda para pagar deuda sin usar dólares de las reservas del Banco Central de los que, en realidad, carece de manera suficiente.

Massa volvió a comprobar que las devaluaciones sectoriales (dólar maíz de $ 340) le generan divisas al Banco Central (BCRA) pero no le evitan el golpe inflacionario.

La combinación de «dólar maíz» con el «apagón importador» por el impuesto adicional de 7,5% a las importaciones volvió a disparar los pronósticos de inflación.

Para la economista Marina dal Poggetto de Eco Go, el salto de 26% en el precio mayorista de la carne después del dólar maíz fue un motor para llevar a 7,1% la estimación de la inflación de julio con un salto de 7,3% en el rubro alimentos.

Con esos datos y el aumento de $ 20 del dólar blue en la semana ($ 570, 16% de suba en un mes) la inflación de agosto apunta a 9%.

Así, el ministro-candidato sigue evitando una devaluación pero no logra esquivar la trampa que implica que la inflación se fortalezca al calor del dólar maíz, el apagón importador, el cierre del cepo cambiario y la brecha cambiaria en 100%. Y la mayor incertidumbre que esa táctica de manotazos genera.

La incertidumbre se potencia por la elección de candidatos del próximo domingo, por la lectura que surja del resultado y por lo que pueda contener la «letra chica» del acuerdo del gobierno con el FMI sobre el que existe un desconocimiento profundo.

En trazo grueso, los operadores dicen esperar otra suba de bonos y acciones en el caso de que la oposición logre un buen resultado, y una toma de ganancias si la expectativa es que no se perfila un ganador claro para octubre.

Parten de la base de que las acciones del índice Merval vienen subiendo en torno a 120% en un año y que los bonos públicos en dólares, que costaban US$ 20, ahora rondan los US$ 40 y siempre teniendo en cuenta que partieron de precios muy bajos.

En el mar de incertidumbres se destaca la duda sobre si la devaluación que el FMI le viene reclamando al Gobierno, para superar el atraso cambiario, se producirá después de las PASO. ¿Estará contemplada en la letra chica del acuerdo?

También a esa chance se le asigna un componente político electoral.

Si Massa, ministro-candidato, logra un resultado en las PASO que le permita soñar con tener chances en un balotaje a fin de año, todo indicaría que insistiría con parches y tramperas para el dólar con tal de no aplicar un salto a la divisa. ¿Pero si el escrutinio no le da para soñar?

Un informe de la consultora Empiria destaca que, a partir de la vigencia de 18 tipos distintos de dólar, el comercial ya es en promedio de $ 304 y estaba al momento de la medición 13% por encima de la paridad oficial.

Como consecuencia del cóctel cambiario oficial, más de la mitad del flujo de divisas ya no pasa por el dólar oficial con las consiguientes consecuencias cambiarias y sobre la inflación.

Además, en el arranque de agosto el Banco Central despuntó la posibilidad de acelerar el ritmo de aumento del dólar oficial. ¿Será una señal para demostrarle al FMI que se cumple con la letra chica?

Las dudas son incontables, pero se alinean tras una certeza: habrá una corrección cambiaria en el horizonte de un año.

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