En Tanti, Córdoba, se encuentra un castillo medieval construido íntegramente en piedra de granito gris. Con más de un siglo de historia, hoy es propiedad del cantante puertorriqueño Wilkins.
En la fachada hay una placa con una inscripción moderna: “Mi amor hacia este sitio me ayuda a volar más allá de los sueños y tristezas para encontrarnos y abrazarnos”. La firma pertenece a Wilkins, el cantante puertorriqueño. El lugar es la entrada de un castillo de estilo medieval en Tanti, ciudad del valle de Punilla, Córdoba.
El edificio, único en su estilo, hoy lleva el nombre de Castillo de Wilkins, pero su construcción se remonta a 1900 y se completó en 1926. Durante gran parte del siglo XX se lo conoció como Castillo San Alberto. Su origen guarda misterios: se desconoce quién fue su primer propietario y por qué eligió ese nombre. Se sabe que la obra fue encargada al arquitecto yugoslavo Reljak por el doctor Jorge Novillo Saravia, aunque no hay más detalles sobre él.
Lo más llamativo es su construcción artesanal: íntegramente en piedra de granito gris, tallada a mano por 50 picapedreros. Los bloques, ensamblados como engranajes, fueron traídos desde Los Gigantes, una formación a 28 kilómetros de Tanti. El castillo se ubica a 867 metros sobre el nivel del mar y posee un microclima similar al de Suiza, rodeado de árboles, arroyos y montañas.
El sitio web oficial de Wilkins describe: “La nieve del invierno acentúa la personalidad de la fantástica construcción. Los veranos son radiantes, acompañados por el sonido de innumerables especies de pájaros y el chasquido de las aguas del arroyo. El otoño tiñe el lugar de amarillo oro”.
Por el castillo pasaron cuatro dueños, pero solo se conoce al último: Wilkins, quien lo compró a fines de los 90. El cantante, famoso por su éxito “Sopa de caracol”, evitó dar detalles sobre cómo llegó a su vida, pero dijo en una entrevista con El Doce de Córdoba: “Definitivamente en la vida no hay casualidades, todo está como debe de ser. Me trajeron aquí, sería largo contar la historia, pero resumiendo, el lugar me estaba esperando”.
Cuando Wilkins lo vio por primera vez, el castillo estaba en estado de abandono. “Hubo que trabajar muchísimo, estaba destruido, no se podía entrar. Cuando lo encontramos, vimos como unas ruinas de los mayas o de los incas que salía y emergía, era esa piedra. Nos ha tocado ponerla nuevamente a brillar”, relató. Tras una remodelación, se inauguró en enero de 1998 con un concierto de música medieval, carretas tiradas por caballos, doncellas y bufones. Hasta 2002 estuvo abierto al público con visitas guiadas.
Wilkins también contó que el castillo lo ayudó en su recuperación tras una grave infección en la columna vertebral en 2011. Pasó nueve meses allí, como “el rey Arturo sanó sus heridas en Ávalon”. “El castillo se convirtió en algo muy misterioso, muy interesante, como son los castillos, pero el impacto inicial fue en mí, y todavía dura todo ese tiempo”, afirmó.
