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3 diciembre, 2022

En medio del Mundial de Qatar, Armando Bo habla de El Presidente, la serie que expone la mugre de la FIFA

Hace algo más de dos años, Armando Bo (43 años) se animó a incursionar en el mundo streaming y a meterse en la mugre para desnudar los negocios turbios del fútbol que desembocaron en el FIFA Gate, uno de los casos de corrupción más grandes de la historia.

Contada con cierto humor y desde el absurdo, la serie El Presidente pisó fuerte en un contexto de pandemia y encierro. Por eso se decidió hacer una segunda temporada, en clave precuela, creada y dirigida también por el realizador argentino ganador de un Oscar -por el guión de Birdman- y de reciente estreno en Amazon Prime Video.

La nueva El Presidente tiene ocho episodios y se enfoca en la figura de João Havelange, el brasileño que transformó al fútbol en un negocio, politizando -y pudriendo- al órgano central que lo administra.

Armando Bo montó su propia productora, con la que tiene varios proyectos en gatera. Foto German García Adrasti

Aunque está ambientada en la década del ’70 y principios de los ’80, la serie tiene mucha vigencia y llegó, oportunamente, unos días antes del comienzo de Mundial de Qatar, una sede cuya elección está siendo investigada por sospechas de compra de votos y lavado de dinero.

“El mundo de la corrupción, el mundo del fútbol y de estos personajes, tomados desde el punto de vista cínico y bizarro, me parecen hasta graciosos. En algún punto, ese cóctel donde se mezcla la política, la corrupción y el fútbol es triste, y al mismo tiempo, es la verdad. Un poco ésa es la historia que contamos”, resume el director de El último Elvis y Animal.

“La temporada uno era más acerca de la corrupción y del negocio del fútbol. Y creo que esta temporada es acerca de cómo era el mundo cuando el fútbol era todavía un deporte, y cómo se empieza a volver algo muy político”, explica.

La serie muestra a Havelange -interpretado por el brasileño Albano Gerónimo– como el animal político que fue, un tipo sin ningún escrúpulo que hizo alianzas con las dictaduras latinoamericanas y negoció con armas para usurparle el poder a los europeos y quedarse con el control de la organización por casi tres décadas.

“Yo soy cuarta generación de cineastas”, asume Armando, hijo de Víctor Bo. Foto German García Adrasti

“No le importaba nada y vino a sacudir y a romper con todo. Mezcló al fútbol con el marketing, que estaba empezando a aparecer. Y, en algún punto, a los europeos los pasó por arriba. Porque inventó el sistema o la idea de ‘equipo chico’ y ‘equipo grande’. Se juntó con todos los equipos africanos y los hizo votar”, sentencia.

-¿Cómo hizo?

-La FIFA tenía esa regla de que todas las federaciones podían votar, pero ni sabían qué tenían que votar. Hizo una campaña, creo que como 70 viajes por África con Pelé. Y, bueno, en algún punto le sacó el poder a los europeos colonialistas. No todo fue malo. Lo que pasa es que después negoció con quien tenía que negociar para seguir escalando y hacer trascender esa creencia de que el fútbol tenía que ser un gran negocio.

No tenía ningún ideal más que la ambición. Por eso es una serie que también le puede gustar a los que no les gusta el fútbol”, imagina el director, integrante de una familia de artistas.

La serie sobre Cromañón y la historia de Robert Cox 

Hijo del actor y productor Víctor Bo -el Delfín de Los Superagentes– y nieto de Armando, director pionero del cine erótico en Iberoamérica, junto a su estrella y musa Isabel “Coca” Sarli, Armando Jr. empezó en la publicidad y dirigió cuatro aclamadas películas antes de estrenarse en el mundo series con El Presidente.

Ahora tiene varios proyectos en marcha con su nueva productora, About: una serie sobre la tragedia de Cromañón, ya en rodaje; una película sobre Robert Cox y la historia del Buenos Aires Herald; y otro filme basado en el guión de Las malas, la celebrada novela de Camila Sosa Villada, entre otros.

Yo soy cuarta generación de cineastas. Así que sé lo complejo que es el mundo del cine. Y estamos terminando de encontrarle la vuelta a cómo lo podemos hacer funcionar industrialmente también. No sólo desde el lado artístico”, dice sobre su nueva compañía productora.

Y agrega: “Estoy muy orgulloso de tener tantos proyectos. A algunos los estoy tratando de dirigir yo. Pero la intención es filmar y producir otras historias, con otros directores; seguir avanzando en contar historias siendo director, siendo escritor o productor o showrunner. Creo que parte de eso también me interesa: no siempre ver todo desde el mismo punto de vista.

-¿Y en qué te basas para elegir cada rol?

-Todo no puedo hacer yo. Lo primero es que te guste un proyecto. Con los socios de About elegimos muy bien dónde meternos. Obvio que a los proyectos que me gustan más a mí, como artista, les doy una prioridad. Porque es donde uno deja más la sangre, donde uno se mete más y quedás más roto, más golpeado por los procesos.

“El de productor es un rol que me gusta mucho, lo vi en mi papá y en mi abuelo, porque los dos produjeron. Es un rol que me gusta y que me permite contar historias desde otro lado sin estar yo solo metido ahí”, reconoce.

La vuelta de Andrés Parra y los lingotes de oro de Havelange

En la temporada debut de El Presidente -estrenada en junio del 2020- Bo cuenta cómo se gesta el entramado de sobornos, fraude y lavado de dinero que salió a la luz en 2015, con Julio Grondona -dueño y señor de la AFA y vicepresidente de la federación internacional- como el narrador y personaje central de la trama.

Andrés Parra como Sergio Jadue y Abián Vainstein como Joseph Blatter. EFE

Pero el protagonista principal es Sergio Jadue, interpretado por el colombiano Andrés Parra, el Grondona chileno que, cuando estalló el FIFA Gate, acordó con el FBI colaborar en la investigación a cambio de una rebaja en la condena.

En la nueva entrega, escrita y hablada en español, portugués e inglés, Jadue/Parra vuelve como una suerte de anfitrión omnisciente de la trama. “Creo que es lo opuesto a Grondona, ¿no?”, dice Bo.

“En la temporada uno, el narrador era el Dios del fútbol argentino, este padrino contando la historia de este pequeño hombre de Chile que hizo todo mal y todo bien. Y, ahora, es este pequeño corrupto quien cuenta la historia del rey del inicio de la corrupción”, argumenta Armando.

“Esos extremos también funcionan. Creo que la serie crece mucho de la temporada uno a la dos en cuanto a nivel de relato, en cuanto al casting. Y asume muchos riesgos”.

Favio Posca como Jorge Rafael Videla y Carlos Rampani, en uno de los episodios de la segunda temporada.

-Uno de esos riesgos habrá sido contar con humor una época oscura en Latinoamérica, con las peores dictaduras de su historia. ¿Cómo lograron mantener ese tono de comedia?

-Era parte de la seducción. Por un lado, este tipo (Havelange) arreglando con las dictaduras de turno, utilizando el fútbol para tapar las atrocidades en el Mundial ’78. Por otro, contar el viaje de llevar algo amateur a un capitalismo libre que es donde termina la serie, en el Mundial ’82.

“Entonces no sólo estamos contando lo que quiso él, sino el cambio del mundo, cómo se fue yendo hacia el lado de que todo estaba en venta; de cómo el marketing podía influenciar a la gente”, explica.

Fabio Alberti compone al Almirante Carlos Lacoste, cuando la serie se mete en el Mundial 78.

-Y cómo Havelange podía influenciar a todos.

-Lo que hizo fue realmente impresionante. Era un deportista olímpico, un maratonista de la natación, y tenía una idea muy clara de lo que quería y a dónde quería llegar. El tipo era un tremendo hijo de puta y no era ni el más simpático, ni el más canchero, ni el más gracioso.

-Y llegó adonde llegó con cero carisma.

-No era nada carismático. Uno de los grandes desafíos de la serie era cómo hacer para lograr humor o un posible cinismo con este personaje que es casi un robot, ¿no? Yo leí que había contratado un biógrafo, y que cuando incluyó el FIFA Gate en su biografía lo echó. Entonces me pareció súper gracioso si esta historia era contada por alguien que le hubiera molestado a Havelange.

Jadue, que es como un perdedor y un personaje de una tragicomedia, me pareció súper absurdo. La serie creo que se mete por lugares bastante oscuros y difíciles. Entonces, el hecho de balancear con este personaje y tener esta trama con un poco de humor ayuda mucho a mantener el punto de vista de la serie, que es jugar con el tema, reírse un poco del mundo del fútbol y de lo que genera. Pero sin pasarnos de la raya.

-Hace poco dijiste que el fútbol es una parodia en sí mismo. ¿A qué te referías?

-Yo soy un fanático del fútbol. Me gusta mucho esto de juntarse con gente, con tu papá o tus hijos, y ver un partido y sentir cosas: festejar, ponerte nervioso. Es algo espectacular. Y, paralelamente, el mundo alrededor del fútbol es muy gracioso y muy cínico, si se analizan los personajes, cómo es manejado y cómo se hacen los negocios.

Y comparte que “en algún punto, la serie cuenta cómo este tipo le va encontrando la vuelta a convertir a la FIFA en una máquina de facturar. Lo loco de todo esto es que no podía decir que lo estaba haciendo”.

-¿Por qué?

-Porque la FIFA siempre se mantuvo como una entidad sin fines de lucro, lo cual es muy gracioso. La FIFA es como una embajada. Hay anécdotas que dicen que Havelange volvía a Brasil, porque él nunca dejó de vivir en Brasil, siempre con dos o tres lingotes de oro en el bolso. Y, como tenía un pasaporte de diplomático, nadie lo revisaba.

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