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27 febrero, 2024

Una novia abandonada en el día de su boda, la historia de la ópera que se estrena en el Colón

“Siempre sentí que uno no sabe en verdad qué es una ópera hasta tanto asume el lugar de tener que escribirla”, dice el compositor cordobés Marcos Franciosi, a punto de estrenar la ópera Felicidad en el Centro de Experimentación Teatral del Colón (CETC). Después de su exitoso debut en el género con El Gran Teatro de Oklahoma, también en el CECT, en 2010, no volvió a escribir otra ópera hasta ahora.

“Es muy desafiante. Es uno de los pocos géneros que permiten el largo y larguísimo aliento en términos de escritura musical. Eso por un lado, y por otro lado, la complejidad que tiene trasladar la prosodia oral a la prosodia cantada. A la complejidad de escribir música, se suma una capa más de complejidad”.

-El origen de la obra fue un encargo del CETC, ¿no?. ¿Te sugirieron el texto de Samanta Schweblin?

-Sí, el CETC me la encargó hace un año. Me dieron libertad para elegir si quería hacer una obra escénica, una performance, y elegí una ópera. Ahí empezó la búsqueda sobre qué hacerla.

«Felicidad» es la segunda ópera de Marcos Franciosi. Foto: Ariel Grinberg-¿Y cómo llegaste a Schweblin?

-Estuve leyendo cuentos de varios autores. Leí diferentes cuentos de Schweblin, sobre todo el libro Siete casas vacías y Pájaro en la boca, el cuento Mujeres desesperadas -Felicidad, que es el personaje principal, es el nombre que le puse yo a la ópera- captó totalmente mi atención. Realmente me sonó en la cabeza y vi que lo podía representar. El texto tiene un lirismo implícito, en términos incluso expresivos.

Un sonido en la cabeza

¿Cómo es eso que un texto te suene en la cabeza?

-Creo que tiene que ver con encontrar una lógica entre la traslación de la prosodia del texto a la música, probablemente también muy cruzada con todas mis influencias o por mi propia experiencia desde El Gran Teatro Oklahoma hasta ahora.

En el medio escribí varias obras vocales, una suerte de intervención con teatro danza que se llamó El lugar de los hechos, un octeto vocal, mi colaboración continua con el ensamble vocal de solistas Nonsense. En todos esos años siento que generé mis recursos, reelaboré ideas, reconsideré aspectos que no me resultaban tan logrados en esa primer experiencia en el terreno de la ópera.

-¿De qué se trata el cuento?

-Es la historia de una novia que es abandonada en la ruta la noche de su casamiento. Y, de ahí en más, empiezan a aparecer otras mujeres abandonadas en similares circunstancias. En ese contexto, se da un tejido que va entre un realismo y una suerte de mundo subjetivo fantásticos, relacionado con el universo onírico, pesadillesco. Termina por confundirse si estas mujeres son partes de una misma o si son presencias.

Marcos Franciosi, con parte de la escenografía de Marcos Franciosi, con parte de la escenografía de «Felicidad». Foto: Ariel Grinberg-¿Es tuya la adaptación del texto?

-La hicimos en conjunto con Walter Jakob, autor de teatro y actor, con quién habíamos trabajado ya en diferentes proyectos. Él hizo la segunda puesta de El Gran Teatro de Oklahoma. Cuidamos mucho que el cuento aparezca, la voz de Schweblin está, pero dejando también el espacio suficiente para para poder interpretar.

-¿Conversaste con Schweblin?

-Muy someramente. Le había mandado música mía y le expliqué que quería hacer una ópera sobre su cuento. Y me contestó positivamente. Tengo entendido que ella no está familiarizada con la ópera, ni escucha mucha música.

¿Cómo suena el humo?

-Con respecto al proceso de la puesta en música de un texto, ¿cuál fue el punto de partida?

-Lo primero que hice fue interpretar el texto, tratar de decodificar el aspecto psicológico de los personajes y definirlos según nuestra lectura. Y, después, empecé a trabajar mucho sobre la parte de la música electroacústica, pero basada en la música concreta. Es decir, hay mucha grabación de campo, diferentes elementos que para mí iban definiendo un espacio más subjetivo del texto, pero que representan algo.

Por ejemplo, Nené, uno de los personajes, fuma. Entonces, ¿cómo es el tiempo del humo? El humo no suena, pero hay una expresión del tiempo. La música va siendo editada por el texto y también se vuelca sobre la experiencia sonora: con la electroacústica, los instrumentos y el trabajo con las voces.

La escritora argentina Samanta Schweblin. En un cuento suyo está basada la ópera La escritora argentina Samanta Schweblin. En un cuento suyo está basada la ópera «Felicidad». Foto: EFE/ Ailen Díaz-Y con respecto a la cuestión formal, ¿la organizaste en actos, escenas?

-Un solo acto, con articulaciones internas. La literatura en sí te propone un eje formal, porque siempre hay una historia. Pero lo que ocurre en esta ópera, y en esta puesta en particular, es que la historia también se desfragmenta, aún con ese tiempo del cuento que también sigue ocurriendo.

Queremos generar esa ambigüedad a través de la utilización de ventanas, donde aparecen ciertos cuadros temporales que tienen que ver más con el espacio de la psiquis. Creo que es algo muy próximo al texto operístico.

-¿Te mantenés cerca de la tradición en la escritura para las voces?

-No es una escritura tradicional, pero no escapa de la problemática del canto. Hay dúos, tríos, solos. También interacción de todo eso con la voz de una actriz, que va tejiendo un contrapunto.

Desde el punto de vista de la composición, a diferencia de la generación anterior que la ópera o la voz cantada les interesaron menos, nunca he renegado del canto lírico. Al contrario, siento que es un instrumento de expresión muy poderoso, entendiendo el lirismo también como un canal potente para la expresión de la subjetividad y del inconsciente.

-¿Son todas voces femeninas?

-Hay tres voces femeninas, sopranos, y una actriz.

-¿Qué tipo de acompañamiento instrumental elegiste?

-Me gusta mucho tener en cuenta quién va a tocar y cuáles son sus posibilidades expresivas. También, siempre que puedo, considero el espacio como instrumento, la sala del CETC tiene una reverberación particular, bastante indomable.

Trabajo con músicos increíbles: Valentín Garvie en trompetas, Martín de Devoto violonchelo, el Cuarteto Tsunami de saxofones, percusión a cargo de Albrieu Roca, y una voz instrumental, el barítono Javier Lezcano, que hace canto difónico y toca algunos instrumentos. Es un aspecto bastante experimental el de la voz instrumental. También uso electroacústica.

-No hay personaje masculino definido en el cuento, ¿Por qué un barítono?

-El registro de barítono fue porque necesitaba compensar la sobreexposición del registro agudo, inevitable cuando trabajas con voces femeninas.

Marcos Franciosi, además de componer, trabaja como docente. Foto: Ariel GrinbergMarcos Franciosi, además de componer, trabaja como docente. Foto: Ariel Grinberg-El esfuerzo de componer una ópera es tan grande que si no mediara un encargo, difícilmente te pondrías a escribir una. Supongo que por eso no volviste a hacerlo hasta ahora, y eso que te había ido muy bien con tu ópera prima.

-Es algo impresionante, muy estimulante, escribir una ópera. Es un desafío muy grande que te obliga a un rigor y una disciplina para poder sacar adelante un proyecto así. Además, los compositores y compositoras argentinas no tenemos financiamientos importantes en nada, así que en mi caso, que soy compositor y docente, no puedo pedir licencia y no he dejado de dar clases en todo este proceso de trabajo.

Ficha

Felicidad

Ópera de cámara. Estreno mundial. Encargo del CETC al compositor Marcos Franciosi, sobre el cuento Mujeres desesperadas, de Samanta Schweblin.

Ensamble de solistas: Ensamble Tsunami (cuarteto de saxos); Valentín Garvie (Trompeta), Martín Devoto (Violonchelo), Javier Lezcano (Voz instrumental), Oscar Albrieu Roca (Percusión) Directora musical: Valeria Martinelli Director de escena: Julián Ignacio Garcés

Elenco: Felicidad, Natalia Salardino (soprano); Nené, Graciela Oddone (soprano); Otra novia, Alicia Martínez (soprano); Vieja, María Inés Aldaburu (actriz); Hombre, Martín Brunetti (actor)

Lugar: CETC, Teatro Colón (Libertad 621, CABA) Funciones: 1, 2, 7, 8, 9 de septiembre a las 20; domingo 3 y 10 a las 17.

WD

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