Tras la derrota electoral del húngaro Viktor Orbán, analistas reflexionan sobre los límites y riesgos de las estrategias políticas basadas en la polarización y la construcción de adversarios, un fenómeno que también se observa en otros líderes mundiales.
La reciente derrota electoral del primer ministro húngaro Viktor Orbán ha generado análisis sobre las estrategias políticas basadas en la polarización y la construcción de adversarios. Orbán, en el poder durante 17 años, ha sido un exponente del uso sistemático de mensajes que identifican enemigos, como minorías sexuales, inmigrantes o ‘élites liberales’, para consolidar su proyecto político nacionalista conservador.
Su derrota es vista por algunos sectores de las democracias occidentales como un alivio, al considerar preocupantes las similitudes de este método con autoritarismos del pasado. Orbán contó con el apoyo público de figuras como el expresidente estadounidense Donald Trump, el presidente argentino Javier Milei, la francesa Marine Le Pen y el español Santiago Abascal, líderes que también utilizan discursos polarizantes.
Expertos en comunicación política señalan que este tipo de discursos, que apelan al enojo y el miedo, suelen ser efectivos para movilizar y generar lealtad, simplificar problemas complejos y captar atención mediática. Sin embargo, advierten sobre sus altos costos: pueden erosionar la eficiencia del sistema democrático al transformar al adversario en enemigo, derivar en violencia simbólica o real, generar efectos sociales duraderos de deshumanización y obstaculizar el crecimiento económico, que requiere acuerdos básicos y respeto institucional.
En Argentina, este fenómeno tiene su propia expresión. El presidente Javier Milei, quien se ha declarado admirador de figuras como Orbán y Trump, utiliza un discurso que identifica a diversos sectores –como ‘la casta’, ‘empresauros’ o periodistas– como adversarios. Analistas políticos debaten los límites y las consecuencias de esta estrategia dentro del sistema democrático argentino, en un contexto global donde resurgen discursos de confrontación.
