Tres décadas después de la resolución que permitió la soja RR en Argentina, el sector analiza el estancamiento en los rendimientos por hectárea y el impacto climático en la actual campaña.
Hace treinta años, la Resolución 167/96 del entonces secretario de Agricultura, Felipe Solá, autorizó la producción y comercialización de la semilla de soja tolerante a herbicidas, marcando un punto de inflexión para el agro argentino. Esta medida, que habilitó la tecnología Roundup Ready (RR) de Monsanto, impulsó una expansión sin precedentes: el área cultivada se duplicó en pocos años y la producción se triplicó a comienzos del siglo XXI, consolidando a Argentina como un actor líder en el mercado mundial de la oleaginosa.
Sin embargo, en la actualidad, el sector enfrenta un desafío persistente: el estancamiento de los rendimientos. Según el último informe de la Bolsa de Cereales de Buenos Aires, el promedio nacional se mantiene desde hace años apenas por encima de los 3.000 kilos por hectárea. Para la campaña en curso, la entidad proyecta una producción de 48,5 millones de toneladas, por debajo de los picos históricos.
El inicio de la cosecha 2024 se desarrolla en un escenario climático heterogéneo. Si bien las lluvias recientes mejoraron levemente la condición de los cultivos, especialmente en soja de segunda, los análisis técnicos indican que su impacto sobre los rindes finales sería limitado. Desde la Guía Estratégica para el Agro (GEA) de la Bolsa de Comercio de Rosario se señaló que, en la mayoría de los casos, las precipitaciones “llegan tarde” para modificar significativamente las expectativas productivas, particularmente en lotes afectados por la sequía estival.
Actualmente, el 41% de la soja de primera ha iniciado la madurez fisiológica, a la espera de que se generalice la cosecha. Los primeros lotes recolectados muestran rendimientos dispares, que oscilan entre los 18 y los 50 quintales por hectárea según la zona. La atención del sector está puesta ahora en las condiciones climáticas de las próximas semanas, ya que los excesos de agua podrían afectar la calidad del grano.
