La Fuerza Aérea y la Marina estadounidenses desarrollan una mayor integración operativa, combinando el bombardero B-2 Spirit, aviones embarcados y el misil AIM-174B Gunslinger para aumentar el alcance y la capacidad de disuasión.
La estrategia militar de Estados Unidos está evolucionando hacia una mayor integración entre sus distintas fuerzas. Según analistas y sitios especializados, la colaboración entre el bombardero furtivo B-2 Spirit, las alas aéreas embarcadas en portaaviones y los misiles de última generación como el AIM-174B Gunslinger marca un cambio significativo en la doctrina de defensa.
Este enfoque busca crear una ‘red de combate’ o ‘kill web’, donde sensores, datos y armamento de diferentes plataformas se combinan en tiempo real. El objetivo central es priorizar el alcance (‘range-first’), atacando desde distancias mayores que las del adversario para neutralizar amenazas antes de que se acerquen a activos estratégicos como los grupos de portaaviones.
El B-2 Spirit, diseñado para ser casi indetectable por radares, puede operar en entornos de alta defensa y transportar misiles antibuque de largo alcance. En ejercicios recientes frente a California, ha operado junto a cazas como el F/A-18 Super Hornet y el F-35C en misiones de ataque marítimo coordinado.
Por su parte, el misil AIM-174B Gunslinger, una versión lanzada desde el aire del SM-6, proporciona a los cazas embarcados un alcance muy superior al de los misiles aire-aire tradicionales. Su versatilidad lo hace útil tanto para defensa aérea como para ataques contra objetivos marítimos y terrestres.
Expertos señalan que esta convergencia responde a un entorno geopolítico más competitivo, donde las capacidades de otras potencias obligan a replantear el desarrollo del poder naval y aéreo. La integración busca aumentar la efectividad de los ataques y reforzar la capacidad de disuasión de Estados Unidos.
