Las celebraciones públicas tradicionales han sido suspendidas y se implementó un plan de oración limitado, en un contexto donde el Papa hizo un llamado a deponer las armas.
La ciudad de Jerusalén atraviesa una Semana Santa marcada por las limitaciones debido al conflicto armado. Por primera vez en siglos, se suspendieron las celebraciones públicas masivas del Domingo de Ramos y del Jueves Santo, y al patriarca latino de Jerusalén, Pierbattista Pizzaballa, se le impidió celebrar misa en la basílica del Santo Sepulcro. Finalmente, se acordó un “plan de oración limitado” para el resto de la semana.
En este contexto, el Papa León XIV, durante su homilía del Domingo de Ramos, presentó a Jesucristo como el “rey de la Paz” y rechazó toda forma de guerra y división. Insistió en que Dios no puede ser utilizado para justificar conflictos armados y recordó que el Señor rechaza las plegarias de quienes tienen “las manos llenas de sangre”. Hizo un llamado a deponer las armas y recordar la fraternidad.
Mientras tanto, en Roma, el Papa León XIV inició las celebraciones de la Semana Santa. Ofició la Misa Crismal en la basílica de San Pedro y, por la tarde, presidió la Misa de la Cena del Señor en la basílica de San Juan de Letrán, retomando la tradición de celebrarla en una basílica papal. Para el Viernes Santo estaba previsto que presidiera la Celebración de la Pasión del Señor y el Vía Crucis en el Coliseo Romano.
