Maia Mendoza, hija de gastronómicos, abrió Zulu Haus en una casa abandonada del barrio de La Lucila. El local conserva la estructura original y ofrece una carta con influencias japonesas.
Maia Mendoza buscaba un local para su emprendimiento gastronómico. Un amigo le sugirió el barrio de La Lucila. Al llegar, encontró un callejón sin salida, una pérgola con flores, una virgen en la entrada y una casona abandonada. “Estaba muy abandonada, pero cuando la vi, sentí el potencial”, declaró Mendoza.
Sus padres, gastronómicos de toda la vida, se conocieron en un restaurante alemán llamado Hans y luego abrieron su propio restaurante, Tabaco, en Maschwitz. Años después, estuvieron al frente de “Kurt y Horacio”. Mendoza afirmó: “Siempre los acompañé a trabajar y era muy natural para mí todo”. A los ocho años ya recibía clientes en el salón.
Tras estudiar moda, psicología y counseling, retomó la idea de tener un café. A mediados de 2024 comenzó la búsqueda del local. “No quería uno a la calle o en una avenida”, explicó. La casona elegida está ubicada en Salvador Debenedetti 635. Son dos casas gemelas construidas por dos hermanos, con un patio común. “Adelante vivía Celina, que vivió hasta 104 años”, detalló Mendoza.
Se conservaron los pisos, la estructura y la cocina original. La pérgola y las plantas son las de Celina. El café se llama Zulu Haus. “Siempre había quedado en mi cabeza ese nombre pensando que el día que tuviera una hija le iba a poner Zulu”, sostuvo Mendoza. El nombre hace referencia a la tribu africana zulú y a valores como comunidad y pertenencia.
La carta incluye un sándwich japonés de huevos cremosos, Yakisoba y un plato rotativo llamado Bento. La pastelería, a cargo de Sofía Rosina, ofrece danesas con frutos rojos, cookies y tortas. El café es de especialidad. Un cartel en el local dice: “Disfrutá del silencio. Este es un espacio para relajarse y conversar en voz baja”.
Mendoza planea abrir una segunda sucursal en Saavedra, frente al parque, en agosto. “Conserva algo parecido a La Lucila, de ser un lugar de casas todavía, muy familiar”, opinó. Consultada sobre los valores de su padre, respondió: “La atención personalizada con los clientes. Él siempre los hace sentir que están en su propia casa”.
