Este domingo, el presidente inauguró las Sesiones Ordinarias con un discurso que buscó mostrar fortaleza tras el avance de varias reformas en el período extraordinario. Con un discurso provocador, lleno de tergiversaciones en hechos y en datos, Javier Milei se presentó ante el Congreso convencido de que su programa atraviesa una etapa de consolidación.
Un tráiler de las iniciativas de 2026
Envalentonado por la aprobación de la reforma laboral y la reforma juvenil penal, así como por la media sanción a la ley de glaciares, el mandatario anunció una ofensiva legislativa sin precedentes: “Cada uno de los ministerios ha preparado diez paquetes de reformas estructurales, por lo que todos los meses presentaremos un paquete de proyectos a ser tratado por este Congreso”. Traducido: 90 modificaciones profundas en la legislación argentina en apenas nueve meses.
Milei justificó esta batería de medidas afirmando que cuenta con el respaldo de “un pueblo al que esta Cámara no hizo más que fallarle”. Que el Congreso ha fallado no es novedad. Pero en esa ecuación también entran las negociaciones, los votos prestados y las concesiones que permitieron que avancen las iniciativas libertarias. Lo que el Presidente omite es el creciente descontento social, ya expresado con fuerza en la masiva adhesión al último paro general.
Entre elogios a su equipo —con la notoria excepción de Victoria Villarruel, con quien reapareció públicamente tras meses de distancia— destacó el trabajo de Bullrich, Bausili, Caputo y Sturzenegger. Y adelantó nuevas reformas sobre los códigos Civil, Comercial, Procesal y Aduanero, además de cambios en el esquema impositivo. Además, buscará aprobar este año una reforma política qué seguro será antidemocrática.
¿El país en venta?
“Quiero argentinos produciendo, no argentinos parásitos”, lanzó el Presidente. En ese marco, presentó a la Argentina como “un eslabón natural de la cadena de valor estratégica de Occidente”, en referencia a sus bienes energéticos y naturales.
Luego afirmó que “la minería se desplegará por toda la cordillera, generando miles de puestos de trabajo”. Sin embargo, los estudios disponibles muestran que la megaminería genera escaso empleo directo y deja severos impactos ambientales. El problema no es menor: tierra arrasada, contaminación de cuencas y afectación de comunidades enteras. Para Milei, estas advertencias serían apenas “prejuicios ambientalistas absurdos”.
La alineación internacional también ocupó un lugar central. Destacó la “relación especial” con Estados Unidos y sostuvo que el gobierno de Donald Trump acudió “en auxilio” de la Argentina para enfrentar supuestos intentos desestabilizadores. La retórica del golpe y la conspiración aparece así como justificación política de un rumbo económico que, tras agotar reservas, necesitó del auxilio del FMI y del respaldo estadounidense.
Roces con el poder económico
Milei definió tres pilares de su modelo: desregulación, capital humano y apertura comercial. Esta última generó tensiones con sectores del empresariado nacional. Sin nombrarlo directamente, cuestionó a Paolo Rocca y a otros industriales por los altos precios del acero y por presionar sobre el mercado cambiario. Los calificó como “empresarios prebendarios”.
La escena deja al descubierto una contradicción: el Presidente confronta con sectores del capital local mientras profundiza un modelo de apertura que puede debilitar aún más la industria nacional.
No hay luz a la vista
Según Milei, su proyecto solo requiere “garantizar condiciones macroeconómicas básicas”: equilibrio fiscal y política monetaria restrictiva para terminar con la inflación y bajar el riesgo país.
Pero la realidad muestra otra dinámica. La inflación volvió a acelerarse en los últimos meses, el riesgo país continúa elevado, los salarios y jubilaciones pierden poder adquisitivo y numerosas fábricas reducen producción o cierran. La promesa de que “estamos saliendo del pozo” choca con la experiencia cotidiana de amplios sectores sociales. Mientras tanto el presidente afirma sin vergüenza de que “hemos triplicado el salario en dólares”.
Más allá del relato presidencial, no hay señales reales de recuperación para las mayorías sociales y se profundiza un modelo que consolida desigualdad y ajuste. Entonces ¿Quienes están saliendo del pozo pisando nuestras cabezas?
Ante ese escenario, el Gobierno recurre nuevamente a la polarización con el peronismo —incluida la mención directa a CFK— mientras parte de esa misma dirigencia, tanto en el plano sindical como parlamentario, ha facilitado la aprobación de buena parte de las reformas oficiales. Este discurso de polos sigue oxigenando a un gobierno que desgasta su propio apoyo.
Milei también apuntó contra la izquierda, que ha encabezado la denuncia de cada una de las medidas reaccionarias de La Libertad Avanza. En ese marco, el Frente de Izquierda tiene que aprovechar su lugar de referencia para los decepcionados que deseen construir una alternativa política independiente tanto del oficialismo como del peronismo que le ha dado gobernabilidad.
