Más allá de la Torre Eiffel y los museos, existe una París de barrios auténticos, mercados de productos frescos y parques poco conocidos. Te mostramos los rincones que prefieren los locales para escapar del turismo masivo.
Dicen que no existe una sola París. La capital francesa, una de las ciudades con mayor presencia en el imaginario cultural global, ha sido musa de innumerables libros y películas que celebraron su historia y su estética de postales icónicas. Sin embargo, detrás de esa fachada de elegancia eterna, aguarda otra París: la de los barrios menos explorados y los cafés de la mañana. A continuación, un recorrido por las calles que eligen los propios parisinos cada vez que buscan un respiro del turismo incesante, en el país más visitado del mundo.
El primer paso para recorrer París como un parisino es lanzarse a conocer uno de los espacios donde los franceses suelen reunirse semana a semana para llenar su heladera de productos frescos y sabrosos: los emblemáticos mercados (marchés), donde se respira el verdadero aire de la ciudad. “Quedan los últimos, lleve dos por uno”, gritan con entusiasmo los vendedores minutos antes del cierre. Hay mercados en casi todos los barrios, y cada barrio tiene sus días característicos de apertura. Un dato curioso es que en la mayoría se combinan puestos de alimentos con otros que ofrecen indumentaria a buen precio, y también es posible comprar libros y souvenirs. Algunos de los más recomendables son el marché de Nation (estación de metro Nation), el de la Bourse (metro Bourse) y el de Monge, en el famoso Barrio Latino. Si bien los productos más frescos se consiguen durante las primeras horas de la mañana, llegar a última hora tiene sus beneficios: los vendedores suelen ser más flexibles a la hora de negociar precios.
En esta época del año, cuando los árboles ya dieron sus primeras flores y anochece cada día más tarde –cada marzo se realiza el cambio de horario–, los parisinos salen en manada a los parques a disfrutar del sol, que suele ser escaso en la ciudad. Con bolsas que combinan baguettes, quesos y algún vino, se dirigen a los espacios verdes para hacer picnic. Aunque pueden instalarse en lugares turísticos como el Jardín de las Tullerías o el de Luxemburgo, hay tres parques en particular muy elegidos por los locales. El primero, Buttes-Chaumont (distrito 19, metro Buttes-Chaumont), es uno de los más mágicos: con cuevas, cascadas y un puente colgante, es un oasis verde en plena ciudad que data de la época de Napoleón III. Otro es el Parc Floral, dentro del Bosque de Vincennes (metro Château de Vincennes). Tiene un costo de ingreso de 2,80 euros (gratis del 1 de octubre al 31 de marzo) y es ideal para recorrer en primavera, con zonas de picnic, juegos para niños y una infinidad de flores. Por último, el Parque de Belleville, en el barrio del mismo nombre, es frecuentado por sus bares y cafés, y al estar en las alturas ofrece una vista privilegiada de la ciudad, ideal para ver la Torre Eiffel al atardecer.
Entre los paseos más mágicos se encuentra la Coulée Verte (Coulée verte René-Dumont), un sendero que recorre varios barrios del distrito 12 –donde estaba la histórica Bastilla– y permite admirar la ciudad rodeado de vegetación. Se extiende a lo largo de más de cuatro kilómetros, incluye una antigua estación de tren y en algunos tramos alcanza los 10 metros de altura, ofreciendo vistas únicas. Muchos parisinos lo aprovechan para caminar o correr.
Finalmente, entre los espacios donde los parisinos suelen perderse durante horas están las famosas brocantes (ferias de antigüedades y objetos usados), ubicadas tanto en locales como en la calle, ideales para descubrir tesoros escondidos.
