29 mayo, 2026

Qué dicen los especialistas del sueño sobre las personas que duermen con muchas almohadas

Los expertos revelan cómo este hábito nocturno funciona como un mecanismo inconsciente para alinear el cuerpo, reducir el estrés diario y buscar refugio emocional.

El acto de dormir es uno de los momentos de mayor vulnerabilidad para el ser humano. Mientras descansamos, el cuerpo y la mente buscan refugio de las tensiones acumuladas durante el día. A raíz de esto, un hábito aparentemente común llamó la atención de psicólogos y expertos en medicina conductual: la necesidad de rodearse, apilar o abrazar múltiples almohadas en la cama.

Para los especialistas en higiene del sueño, la cantidad de almohadas responde, en primer lugar, a una necesidad ergonómica y de alineación corporal. La doctora Shelby Harris, psicóloga clínica especializada en medicina conductual del sueño, abordó este comportamiento desde un enfoque estrictamente funcional. Explicó que colocar almohadas a ambos lados del cuerpo o debajo de las rodillas es una técnica conductual efectiva para “entrenar” al organismo a mantener posiciones saludables, como dormir boca arriba, con la intención de evitar dolores musculares y problemas de reflujo gástrico. Desde esta perspectiva, las almohadas no ocultan traumas, sino que funcionan como herramientas mecánicas de soporte.

Sin embargo, cuando el hábito persiste más allá de la comodidad física, la psicología clínica encuentra una explicación en la neurobiología del estrés y la regulación emocional. La doctora Stephanie Silberman, experta de la Academia Americana de Medicina del Sueño, señaló que rodearse de elementos blandos genera un “efecto nido”. Al percibir la presión suave y la textura de las almohadas contra la piel, el sistema nervioso parasimpático se activa. Esto disminuye los niveles de cortisol —la hormona del estrés— y estimula la liberación de oxitocina, lo que promueve una profunda sensación de calma y seguridad indispensable para evitar la rumiación mental antes de conciliar el sueño.

Esta búsqueda de contención física conecta directamente con uno de los pilares de la psicología del desarrollo: la teoría de los objetos transicionales, propuesta originalmente por el psicoanalista Donald Winnicott en su obra Realidad y juego (1971). Winnicott descubrió que los niños utilizan mantas o peluches como un anclaje emocional para tolerar la ansiedad de la separación. La investigación psicológica moderna demostró que este mecanismo defensivo sigue activo en la adultez. Ante períodos de alta carga emocional, soledad o transiciones difíciles, los adultos recurren inconscientemente a las almohadas como sustitutos táctiles que brindan una base segura frente a la vulnerabilidad de la noche.

En conclusión, dormir con muchas almohadas no cuenta con un único significado o un veredicto psicológico estricto en los manuales clínicos. Según los especialistas del sueño, este hábito se justifica como una respuesta adaptativa e inteligente de nuestro cuerpo. Ya sea para alinear la columna vertebral tras una jornada agotadora o como un mecanismo de regulación emocional externa para mitigar la ansiedad a través del tacto, las almohadas operan como fieles aliadas en la incansable búsqueda humana de confort, protección y un descanso reparador.

Por qué muchas personas abrazan una almohada al dormir, según la psicología. Según diversos psicólogos, abrazar una almohada al dormir suele ser un reflejo inconsciente de la necesidad de confort y conexión emocional. Este acto emula el abrazo a otra persona, por lo que proporciona una sensación de seguridad y tranquilidad. En momentos de soledad, estrés o ansiedad, la almohada puede funcionar como un sustituto de consuelo y un ancla emocional.

Últimas Noticias
NOTICIAS RELACIONADAS