La cápsula Orión, con cuatro astronautas a bordo, enfrenta la fase más crítica de la misión al amerizar en el Pacífico. La NASA monitorea el procedimiento tras ajustes realizados por un incidente en un vuelo anterior no tripulado.
La misión Artemis II se encuentra en sus últimas horas, con el foco puesto en el reingreso de la cápsula Orión a la atmósfera terrestre, considerado el tramo más delicado de toda la operación. Tras completar un vuelo de diez días alrededor de la Luna, los cuatro astronautas se preparan para amerizar en el océano Pacífico frente a las costas de California este viernes a las 21:07 (hora argentina).
La tripulación, integrada por Christina Koch, Victor Glover, Reid Wiseman y el canadiense Jeremy Hansen, realizó un viaje que los llevó a más de 406.000 kilómetros de la Tierra, superando registros previos de misiones tripuladas. Un retorno seguro marcaría un hito para la NASA, al tratarse del primer vuelo tripulado más allá de la órbita terrestre desde el programa Apolo, finalizado en 1972.
El reingreso a la atmósfera representa el principal desafío técnico. La cápsula Orión deberá ingresar a velocidades cercanas a los 40.000 kilómetros por hora, generando temperaturas de hasta 2.700 grados Celsius debido a la fricción con el aire. Durante este proceso, el escudo térmico cumple un rol fundamental para proteger la estructura y garantizar la seguridad de la tripulación.
La maniobra implica que la cápsula atraviese la atmósfera envuelta en plasma, lo que genera un corte de comunicaciones de aproximadamente seis minutos. En total, el descenso desde el ingreso hasta el amerizaje demandará unos 13 minutos, durante los cuales cada parámetro debe ejecutarse con precisión.
El reingreso de Artemis II se realiza bajo especial atención debido a un antecedente registrado en 2022 durante la misión no tripulada Artemis I. En aquella oportunidad, el escudo térmico de Orión mostró un desgaste inesperado. A partir de ese episodio, los ingenieros revisaron la trayectoria de descenso y modificaron el ángulo de entrada a la atmósfera para reducir el efecto de “rebote” que había contribuido al deterioro del material.
Según la NASA, se llevaron a cabo múltiples pruebas, simulaciones y modelizaciones para validar estos ajustes. Los responsables del programa aseguran contar con un margen de seguridad adecuado, aunque reconocen que la confirmación del éxito dependerá del amerizaje y la recuperación de la tripulación.
La cápsula Orión, bautizada “Integrity”, opera de forma autónoma durante esta fase. Uno de los puntos más críticos es el ángulo de entrada, estimado en torno a los -5,8 grados respecto del horizonte. Un ángulo demasiado pronunciado incrementaría las cargas térmicas, mientras que uno demasiado bajo podría provocar que la cápsula rebote en la atmósfera.
Tras atravesar la fase de mayor fricción, la cápsula desplegará un sistema de paracaídas en dos etapas para reducir su velocidad antes del impacto con el agua. La zona de amerizaje fue definida frente a la costa de San Diego. El operativo de recuperación estará a cargo del buque USS John P. Murtha, acompañado por helicópteros, aviones de apoyo y personal especializado.
Artemis II tiene carácter experimental y busca validar los sistemas necesarios para futuras misiones tripuladas a la Luna. Forma parte del programa Artemis, cuyo objetivo es establecer una presencia humana sostenida en el satélite natural y sentar las bases para viajes a Marte.
Mientras la cápsula completa su trayecto final, los controladores de vuelo monitorean cada variable desde el Centro Espacial Johnson en Houston. Desde la agencia espacial insisten en que el éxito de la misión solo podrá confirmarse cuando la tripulación esté a salvo tras el amerizaje.
