El Museo Emilio Caraffa, núcleo del patrimonio artístico provincial, refleja en su acervo más de un siglo de historia, marcado por adquisiciones visionarias y una búsqueda actual por superar sesgos históricos y de género.
El origen del patrimonio artístico de Córdoba suele remontarse a un museo polivalente en la calle 27 de Abril, donde convivían piezas arqueológicas y cuadros sin una jerarquía definida. La iniciativa de una generación de jóvenes artistas impulsó al entonces gobernador Ramón J. Cárcano a institucionalizar la mirada sobre el arte, dando lugar, entre 1914 y 1916, al actual Museo Emilio Caraffa (MEC). Para su inauguración, el Museo Nacional de Bellas Artes prestó 116 obras, marcando el inicio de una colección que crecería, en parte, mediante becas de formación en Europa, un sistema históricamente limitado a artistas varones.
La formación de la colección no se basó solo en legados; también incluyó compras que generaron polémica en su momento. En 1926, Cárcano adquirió ‘Bailarines’ de Emilio Pettoruti, una obra de vanguardia que fue criticada por sectores conservadores pero que hoy se considera una adquisición visionaria. Décadas después, en 2005, una acción similar con la expropiación del Palacio Ferreyra y la adquisición de la serie ‘Manos Anónimas’ de Carlos Alonso, consolidó el rol del Estado en la construcción de un patrimonio con fuerte contenido social y político.
Hoy, el análisis de la colección del MEC, que cuenta con 1.329 piezas, revela un sesgo histórico de género: solo 135 obras (el 10,15%) son de mujeres, una proporción similar a la del Centro de Arte Contemporáneo (CAC). Reparar esta brecha es una de las misiones actuales, que incluye rescatar la obra de artistas mujeres de generaciones pasadas y equilibrar la representación en futuras adquisiciones, considerando también otros faltantes como las obras textiles.
El museo enfrenta el desafío logístico del crecimiento de su acervo, que se incrementa a un ritmo de unas 20 piezas anuales, lo que genera necesidades de espacio y almacenamiento. Más allá de la conservación, el MEC desarrolla proyectos de accesibilidad, como un paisaje sonoro para personas ciegas, prepara una muestra centrada en las obras de mujeres de su colección y diseña experiencias educativas para jóvenes para fomentar el pensamiento crítico a través del arte.
