En el Día del Animal, un informe oficial revela cómo creció la tenencia de mascotas en Argentina y qué especie lidera la preferencia en los hogares.
Este 29 de abril se celebra en Argentina el Día del Animal, una fecha que invita a reflexionar sobre el vínculo entre las personas y sus mascotas. Según datos del informe oficial Tenencia responsable y sanidad de perros y gatos, elaborado a partir de la Encuesta Anual de Hogares 2022, la cantidad de familias que integran mascotas en sus hogares creció 9,3 puntos porcentuales entre 2003 y 2022.
En la Ciudad de Buenos Aires, el registro total alcanzó las 861.852 unidades, compuestas por 493.676 perros y 368.176 gatos, lo que marca una preferencia clara por los perros en la capital del país. Sin embargo, la población felina también experimenta un crecimiento sostenido.
Esta transformación en la dinámica familiar provoca que los animales ocupen roles centrales dentro del hogar. Hoy comparten espacios de descanso, poseen vestimenta específica para cada estación, acceden a servicios de estética o spa y consumen dietas especiales de alta gama. Este cambio cultural, no obstante, conlleva el riesgo de caer en la antropomorfización, una tendencia que consiste en atribuir características, necesidades o emociones humanas a los animales.
Laura Rial, docente de la Cátedra de Bienestar Animal y Etología de la Facultad de Ciencias Veterinarias de la Universidad de Buenos Aires (UBA), explicó: “Esta proyección no se limita a los animales de compañía, ni siquiera exclusivamente a los seres vivos. Forma parte de una manera habitual en la que los humanos interpretamos el mundo que nos rodea. Por lo tanto, debemos estar muy atentos para detectar cuándo caemos en este sesgo”.
La especialista señaló que el problema surge cuando las expectativas humanas se proyectan sin considerar los requerimientos naturales de cada especie. “El reconocimiento del valor afectivo de los animales y de su mundo emocional puede favorecer una convivencia más respetuosa y un vínculo más consciente. El problema surge cuando las expectativas humanas se proyectan sin considerar las necesidades propias de un individuo de otra especie, lo que repercute sobre su bienestar”, agregó.
Para garantizar una convivencia sana, los expertos sugieren evitar la humanización excesiva y centrarse en las necesidades reales. Los perros requieren explorar su entorno a través del olfato, socializar con otros pares y seguir rutinas claras. Los gatos, por su parte, necesitan controlar su ambiente, contar con espacios en altura y tener lugares seguros para esconderse. “Cuando estas conductas naturales se limitan, se reprimen o se fuerzan, ya sea por exceso de control o por una interpretación errónea de lo que deberían hacer, es común que aparezcan signos de frustración, aburrimiento, estrés crónico o alteraciones en la conducta”, concluyó la docente.
En definitiva, la educación y el establecimiento de límites predecibles resultan pilares fundamentales para mejorar la calidad de vida de las mascotas y fortalecer el vínculo sin proyectar carencias humanas en ellas.
