El conjunto español cayó en cuartos de final tras una derrota en Múnich, en un partido marcado por decisiones arbitrales que generaron fuertes críticas por parte del cuerpo técnico merengue.
Por segundo año consecutivo, el Real Madrid no logró acceder a las semifinales de la Champions League. Tras un primer tiempo de alto rendimiento que terminó con el marcador 3-2 a su favor en el Allianz Arena, el equipo español fue superado en la segunda parte por el Bayern de Múnich, que dio vuelta el resultado global (6-4) con goles en el tramo final del encuentro.
El desarrollo del partido estuvo atravesado por dos acciones arbitrales controvertidas. La primera, a los 27 minutos del primer tiempo, fue un tiro libre cobrado a favor del Real Madrid por una supuesta falta de Konrad Laimer sobre Brahim Díaz, que los medios españoles calificaron como “inexistente” en las repeticiones. Desde esa ejecución, Arda Güler anotó el 2-2 parcial.
Sin embargo, la polémica mayor se desató a cinco minutos del final, cuando el árbitro esloveno Slavko Vincic expulsó al mediocampista francés Eduardo Camavinga con una segunda tarjeta amarilla. La amonestación se produjo luego de que el jugador retuviera brevemente el balón tras una falta, impidiendo el rápido saque del Bayern. Según narraron los hechos, el árbitro habría mostrado la segunda amarilla tras ser alertado por jugadores rivales, lo que generó la impresión de que había olvidado la primera advertencia previa.
El director técnico del Real Madrid, Álvaro Arbeloa, cargó duramente contra la decisión del juez. “Nadie entiende que expulses a un jugador por algo así, en un partido como éste. Creo que el árbitro le sacó la tarjeta porque no sabía que ya tenía una amarilla”, afirmó en conferencia de prensa, calificando el hecho de “totalmente inexplicable e injusto”. Arbeloa también felicitó al Bayern, pero manifestó que le “habría gustado que nos ganase de una manera diferente”.
El canal oficial del club madridista también señaló al árbitro como responsable de la eliminación, argumentando que “la segunda amarilla es totalmente injusta” y que la decisión “perjudicó los intereses del Real Madrid”. Entre los jugadores, Jude Bellingham calificó la expulsión como “una broma”, mientras que otros, como Antonio Rüdiger, optaron por no hacer declaraciones.
