El primer papa agustino y nacido en Estados Unidos conmemoró un año de pontificado con un mensaje de paz y crítica al comercio de armas.
ROMA.– León XIV, el primer papa agustino y nacido en Estados Unidos, celebró este viernes su primer aniversario como sucesor de Pedro con una visita al santuario de la Virgen del Santo Rosario de Pompeya y a la cercana Nápoles. Desde allí, y al día siguiente de un encuentro con el secretario de Estado norteamericano, Marco Rubio, volvió a hacer oír su voz al denunciar que la paz está siendo “amenazada por una economía que prefiere el comercio de armas al respeto por la vida humana”.
“No podemos resignarnos a las imágenes de muerte que nos presentan las noticias a diario”, clamó durante una misa que celebró por la mañana en el santuario mariano de Pompeya. “Hace exactamente un año, cuando se me confió el ministerio de Sucesor de Pedro, era precisamente el día de la Súplica a la Virgen del Santo Rosario de Pompeya. Por eso tenía que venir aquí, para poner mi servicio bajo la protección de la Santísima Virgen”, explicó Robert Prevost, quien fue electo como sucesor del papa Francisco en la tarde del 8 de mayo de 2025, en un cónclave que duró menos de 24 horas.
“El hecho de haber elegido el nombre de León me sitúa en las huellas de León XIII, quien tuvo, entre otros méritos, el de haber desarrollado un amplio magisterio sobre el Santo Rosario”, agregó el Papa, que al principio visitó a enfermos que se acercaron al santuario construido donde tuvo lugar la erupción del volcán Vesubio en el año 79 d.C.
En su sermón, León –nacido en Chicago hace 70 años, pero que vivió 20 años en Perú como misionero primero y obispo después– habló de la importancia del rosario y de la invocación “Ave María”. Subrayó que hay dos “intenciones que siguen siendo de urgente relevancia: la familia, que sufre el debilitamiento del vínculo matrimonial, y la paz, amenazada por las tensiones internacionales y una economía que prefiere el comercio de armas al respeto por la vida humana”.
León también recordó que cuando san Juan Pablo II convocó hace casi un cuarto de siglo el Año del Rosario, lo puso bajo la mirada de la Virgen de Pompeya. “Los tiempos desde entonces no han mejorado”, lamentó. “Las guerras que aún hoy se combaten en tantas regiones del mundo reclaman un renovado compromiso no sólo económico y político, sino también espiritual y religioso”. “La paz nace dentro del corazón”, añadió, al evocar que el mismo papa polaco en octubre de 1996 reunió en Asís a los líderes de las principales religiones, invitando a todos a rezar por la paz.
“En varias ocasiones, incluidas algunas recientes, tanto el papa Francisco como yo hemos pedido a los fieles de todo el mundo que oren por esta intención. No podemos resignarnos a las imágenes de muerte que las noticias nos presentan a diario”, clamó. “Desde este Santuario, cuya fachada concibió San Bartolo Longo como monumento a la paz, hoy elevamos nuestra oración con fe. Jesús nos dijo que la oración hecha con fe puede alcanzarlo todo. Y San Bartolo Longo, pensando en la fe de María, la llama ‘omnipotente por la gracia’. Por su intercesión, que el Dios de la paz conceda una abundante efusión de misericordia, que toque los corazones, calme el resentimiento y el odio fratricida, e ilumine a quienes tienen responsabilidades especiales en el gobierno”, pidió.
En el primer aniversario de su elección, el primer Papa agustino fue aclamado por miles de fieles, sobre todo cuando se trasladó a Nápoles, donde recorrió varias calles del centro y saludó a más de 30.000 personas en la emblemática Plaza del Plebiscito. Como había ocurrido durante la visita del papa Francisco, también Robert Prevost recibió una pizza con su nombre.
Más allá del clima festivo, durante un encuentro con el clero en la catedral, donde no dejó de homenajear a San Gennaro, patrono de la ciudad, renovó el pedido de cuidar de los más frágiles y seguir adelante en el camino sinodal. “Lo que les pido es esto: escúchense unos a otros, caminen juntos, creen una sinfonía de carismas y ministerios, y así encuentren maneras de pasar de un ministerio pastoral de conservación a un ministerio misionero, capaz de involucrarse en la vida concreta de las personas. Es una misión que requiere la contribución de todos”, dijo, hablando ante obispos, religiosos y curas. “En una ciudad marcada por la desigualdad, el desempleo juvenil, el abandono escolar y la fragilidad familiar, la proclamación del Evangelio no puede existir sin una presencia concreta y solidaria que nos involucre a todos: sacerdotes, religiosos y laicos”.
