22 abril, 2026

Maggie Leri: superando los límites de la esclerosis múltiple a través del deporte

Tras años de síntomas sin diagnóstico, Maggie Leri recibió la noticia de que padecía esclerosis múltiple. Su historia relata el camino desde el miedo inicial hasta encontrar en la natación y el deporte una herramienta para convivir con la enfermedad y expandir sus propios límites.

“Fue un momento de quiebre muy fuerte. Recuerdo esa sensación de que el cuerpo no responde como siempre. Ya venían apareciendo cosas que no entendía: una especie de pánico al tratar de bajar escaleras, el temblor de las manos, la fragilidad en piernas al usar tacos altos”, relata Maggie Leri. Durante años, consultó a diversos médicos buscando respuestas. Recién a los 40 años, la creciente debilidad en sus piernas la llevó a un especialista que la derivó a un neurólogo, donde finalmente recibió el diagnóstico de esclerosis múltiple.

La esclerosis múltiple (EM) es una enfermedad que daña la vaina de mielina, la cubierta protectora de las neuronas, lo que puede disminuir o interrumpir los impulsos nerviosos. Afecta con mayor frecuencia a mujeres y suele diagnosticarse entre los 20 y 40 años. Sus síntomas son variados y pueden incluir problemas visuales, motores o de equilibrio. Si bien actualmente no tiene cura, existen tratamientos que pueden retrasar su progresión.

“Cuando recibí el diagnóstico sentí miedo e incertidumbre. Jamás había escuchado hablar de esta enfermedad”, recuerda Maggie. “Pero también sentí alivio, era por fin la respuesta a esa gran incógnita”. El diagnóstico, aunque duro, marcó el inicio de un proceso de autoconocimiento. Después de un período inicial de confusión, decidió escucharse y preguntarse cómo quería vivir con lo que le sucedía.

Contra las recomendaciones iniciales de evitar la actividad física, Maggie encontró en el deporte un aliado fundamental. “Gracias a mis búsquedas, luego entendí que el deporte podía ser el puente para volver a encontrarme conmigo misma”, explica. Comenzó con la natación en aguas abiertas, un medio donde, según describe, las limitaciones de la enfermedad parecen desvanecerse. Tras dos intentos fallidos, logró cruzar a nado los 2.700 metros que separan la Isla Gorriti de Punta del Este, una hazaña que luego repitió y complementó con otros trayectos desafiantes.

“En el agua, no soy una nadadora con esclerosis múltiple; soy una nadadora”, afirma. “Ese cruce me enseñó que la libertad no está en negar la enfermedad, sino en encontrar el espacio donde ella no manda”. Además de la natación, incorporó yoga y entrenamiento funcional a su rutina, actividades que le permiten trabajar su cuerpo y calmar su mente.

La historia de Maggie Leri es un testimonio sobre cómo enfrentar un diagnóstico complejo. No romantiza la enfermedad, pero destaca la posibilidad de encontrar, incluso en la adversidad, caminos para una vida plena y activa. Su experiencia muestra la importancia de adaptar la actividad física a las condiciones personales y el poder transformador de escuchar las propias necesidades.

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