9 mayo, 2026

Yarden Bibas: “El cautiverio no fue lo más terrible, el infierno es vivir ahora sin ellos”

A casi mil días del ataque de Hamas, Yarden Bibas rompió el silencio y contó los detalles de su cautiverio y el dolor de perder a su esposa e hijos.

TEL AVIV. Hace casi mil días que Yarden Bibas vio por última vez a su esposa Shiri y a sus dos hijos pequeños, Ariel y Kfir. Tras 484 días de secuestro en manos de terroristas de Hamas en la Franja de Gaza, fue liberado hace un año y tres meses. Hasta ahora no había vuelto a hablar desde que en febrero del año pasado despidió en un funeral masivo los restos de su familia.

En una entrevista que brindó esta semana al Canal 13 de Israel, aseguró: “Lo más terrible no fue ese cautiverio, el infierno es vivir ahora sin ellos”.

Shiri Bibas, de nacionalidad argentino-israelí, era maestra jardinera y tenía 32 años. Sus hijos Ariel, de 4 años, y Kfir, de apenas 8 meses, fueron secuestrados junto a ella por terroristas liderados por Hamas en su casa del kibutz Nir Oz, al sur de Israel, el 7 de octubre de 2023.

Aquella mañana, Yarden se entregó a los terroristas con la esperanza de que así evitaría que se llevaran al resto de su familia. En la entrevista de 30 minutos, recordó cómo fue esa despedida. Años antes, le había prometido a Shiri que jamás se iría de su casa enojado sin darle un beso. Por eso, en medio del horror, pidió al terrorista: “Espere. Necesito darles un beso a mi esposa y mis hijos”. Así ocurrió el impensado beso de despedida final.

Durante los 16 meses de cautiverio, Yarden estuvo siempre separado de su familia. Aunque a los dos meses del secuestro los terroristas le dijeron que su esposa e hijos habían muerto, e incluso lo obligaron a filmar un video acusando al premier israelí Benjamin Netanyahu por esas muertes, él siempre guardó la esperanza de que estuvieran vivos.

“Primero pensé que los terroristas mentían cuando me dijeron que ya habían fallecido, pero en las últimas semanas del secuestro sospeché que podía ser verdad. Incluso comencé a aprender su idioma para entender cuándo mentían y cuándo no. Pero la mayor parte del tiempo sentí que mentían, y que mi familia estaba viva. Eso fue lo que me mantuvo en pie”, dijo.

Yarden fue liberado el 1° de febrero del año pasado, durante una tregua entre Israel y Hamas, en un canje de rehenes israelíes por prisioneros palestinos. Solo veinte días más tarde pudo confirmar el fallecimiento de su familia cuando los terroristas devolvieron los restos de Shiri, Ariel y Kfir.

Junto a Shiri y sus hijos tenían planeado mudarse del kibutz Nir Oz a un lugar más tranquilo en el norte del país, en las Alturas del Golán, donde vive su hermana Ofri. Tras su liberación, luego de varios meses de internación y tratamiento en el Hospital Sheba de Ramat Gan, Yarden se mudó finalmente al Golán. Su casa de Nir Oz quedó abandonada tal como la dejaron el día del ataque.

“Es muy duro ver la habitación de mi hijo Ariel, de 4 años, llena de agujeros de balazos en las paredes, y recordar la última vez que lo vi”, confesó.

Yarden también contó que una de las preguntas que más lo incomoda es cuando la gente le pregunta: “¿Cómo estás?”. “Esa pregunta me obliga a mentir o a poner una sonrisa forzada. O sea, mentirle al que me pregunta o mentirme a mí mismo. Por eso me acostumbré a responder: ‘Como siempre'”.

Cuando la entrevistadora lo invitó a expresar con sinceridad cómo se sentía, su respuesta fue tajante: “Para la mierda. Para la mierda. Estoy cansado, muy cansado. Todo el tiempo hay una guerra interna en mi cabeza”.

Yarden también describió el impacto que le causó la foto de Shiri aterrada con sus hijos en brazos mientras era secuestrada por Hamas. “Cuando vi esta foto por primera vez, se me rompió el corazón. Esta no es la Shiri a la que juré hacer sonreír por el resto de mi vida. Nadie debería ver así al amor de su vida”, dijo.

En la entrevista recordó la letra de una canción de Zakk Wylde que dice: “Señor, yo solo estoy matando el tiempo, pero el tiempo me está matando a mí”. “Cada minuto que se suma a la ausencia de ellos, algo más muere en mí”, reflexionó.

Finalmente, compartió un hábito que adquirió para encontrar consuelo: “Todas las noches busco tres estrellas en el cielo y les digo que las amo. Sé que no me pertenecen, pero para mí, estas son mis estrellas. Tres estrellas, una al lado de la otra. Cuando me siento perdido todo el día, si por un momento al anochecer sé lo que busco, me da un instante de calma. Un segundo en el que siento que ellos están aquí”.

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